Lluis Ameller con un grupo de turistas en su paseo por el centro de Maó. Destaca que el público nacional tiene ahora más interés por descubrir lo que Menorca ofrece. | ARCHIVO

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Menorca recibió el año pasado más de dos millones de visitantes, consolidándose, una vez más, como un destino con un gran atractivo y potencial que es capaz de combinar paisaje, cultura, y tradición en un entorno de poco más de 700 quilómetros cuadrados. El perfil del turista que llega para pasar sus vacaciones o bien simplemente, en una escala de su crucero, ha ido cambiando a lo largo de todos estos años y seguramente nadie mejor que nadie que un guía turístico oficial, puede ayudarnos a entender como ha sido esta evolución y como es la mirada que proyecta hacia la Isla.
Lluís Ameller Forster lleva más de veinte años como guía profesional, la primera etapa trabajando en una agencia de viajes y los últimos trece como autónomo. Cuando los Reyes de España, Felipe y Letizia visitaron Menorca por primera vez en 2020, fue él mismo quien se encargó de guiarlos en su paseo por el monumento talayótico de la Naveta des Tudons, en Ciutadella. Actualmente, además, es el encargado de mostrar a los visitantes la fortaleza sanitaria del Lazareto, ubicada en el puerto de Maó.

LOCAL. El perfil del visitante que llega a Menorca ha cambiado en el sentido que ahora aterrizan más informados que antes, aunque Lluis Ameller confiesa que todavía hay gente que le pregunta donde vive Rafa Nadal o si en La Mola, se rodó la película de «Los cañones de Navarone». «En Wikipedia y Google está toda la información y por eso, es más importante que nunca poder enriquecer las explicaciones que ofrecemos con cuestiones locales como leyendas, folclore o incluso recetas de gastronomía, que son más difíciles de afinar en internet y creo que aportan un toque de autenticidad», explica.

Las redes sociales también han aportado una capacidad promocional muy destacada pero donde entra el factor de la superficialidad. «Encontrar turistas con cámara de fotos ahora resulta raro. La gran mayoría vienen con su teléfono móvil y bien no hacen fotos o si las hacen, será un selfie delante del monumento. Esto ha sido un cambio muy visible que hemos notado los guías y de hecho, tuvimos una petición de una agencia de viajes de diseñar un selfie-tour en Menorca, cosa que al final no acabamos realizando», añade. «Hace 25 años no teníamos el Camí de Cavalls y la Menorca Talayótica eran cuatro cosas desperdigadas. Un comentario muy habitual del público nacional es que mucha gente no sabía que Menorca diera por tanto. Parecen pocos kilómetros que en cuatro o cinco días podré ver entero y luego se dan cuenta que no es así», explica.

Visita Reyes
En agosto de 2020, los Reyes de España visitaron Sa Naveta des Tudons de la mano de Ameller.

VISITANTES. Otra de las cuestiones para este guía oficial es el cambio en el perfil de visitante. «El turismo nacional es donde he notado más cambio con un interés por descubrir. No hablo francés y por lo tanto, no trato con ellos, pero se ha notado la llegada de este público con grandes inquietudes culturales. Trabajo más con italianos, que es un perfil de persona que le interesa el mediterráneo, la comida, las costumbres con rasgos muy similares a los nuestros», comenta.

Según Ameller, los cruceristas también son un mundo aparte en cuanto a la visita a Menorca porque dependiendo del tipo de barco, más grande o más pequeño, el perfil del viajero es distinto. «Recibo mucho público americano y australiano que llega con muchas inquietudes, gente muy viajada, que conocen a fondo la historia, que cuando les hablas de los cartagineses saben quiénes fueron y qué hicieron», explica. «Estos último tres veranos muchos cruceros vienen interesados por el patrimonio talayótico. Gente de Nueva York que han pasado previamente por Malta, por Pompeya y que se encuentran con la ‘taula de Trepucó’. Se sorprenden mucho. También el visitante Imserso ha cambiado con los años. Ahora son más jóvenes, más cultos, con un poder adquisitivo más alto que compran producto local, que toman su aperitivo a mediodía», explica. «Los británicos y americanos también se interesan mucho por el conjunto histórica y militar», comenta.

MASIFICACIÓN. Lluís Ameller detalla que la gente con la que trata viene también concienciada en cuestiones de masificación porque es un tema que ocurre en todas partes. «Comprenden la situación y se adaptan rápidamente a las normas de visita con el fin de no molestar y dejar un impacto más positivo. Los italianos lo sufren en su país y me lo comparten, por ejemplo», explica. También constata que a nivel local, se ha despertado un rechazo que antes no existía.

«En algunos sitios habituales como Binibeca, se han generado quejas de los vecinos y el verano pasado, por ejemplo, me sentí incómodo visitando el centro de Ciutadella con una visita guiada cuando gente nos increpó. Es la primera vez que me pasaba en 20 años de profesión», comenta. Otro de los temas que le preocupan como guía turístico es la calidad como destino. «La calidad del sector turístico no la aporta el cliente, lo aporta el producto o el servicio que se ofrece y calidad es tener un servicio adecuado», explica.

«Nos falta, por ejemplo, mejorar el tema de llegada a los monumentos talayóticos porque en transporte público, no puedes ir a visitar ninguno. También faltan baños públicos. Creo que es una carencia como destino que tenemos porque no es cuestión de entrar en un bar. El año pasado estuve acompañando un grupo en el Valle de Arán con la ruta del románico y en cada lugar recóndito que visitábamos, había estos servicios que comento», añade.

TRABAJO COMO GUÍA. De madre inglesa y padre menorquín, Ameller explica que fue por casualidad que acabó convirtiéndose en guía oficial de turismo de las Illes Balears. Estudió el Grado Superior de Comercialización e Información Turística en el Instituto Maria Àngels Cardona, entró en el departamento de excursiones de una agencia y poco a poco, se fue profesionalizando. «El perfil habitual de la personas que trabajamos como guías oficiales responde a personas activas, curiosas y viajeras cuyo día a día es muy entretenido porque paseas por lugares diferentes, los grupos y las nacionalidades son distintos y las preguntas y las inquietudes que no siempre son las mismas», explica. «En temporada estoy en el Lazareto pero también atiendo cruceros y luego están las excursiones en autobús. Suelo trabajar de ocho a diez meses, aproximadamente. En primavera y otoño atiendo grupos del Imserso, en junio a grupos de escuelas de Mallorca y luego ocasionalmente también grupos privados que te contactan directamente para una visita guiada», detalla.

«Actualmente hay un boom de solicitud de visitas guiadas y para hacer el trabajo debes tener una titulación y estar bien preparado porque sin pretender ser expertos en todos, debemos ser conocedores de historia, arquitectura, religión, música, cultura y eso implica una formación continua», añade. «No hay recursos para poder inspeccionar quien está haciendo de guía pero el intrusismo existe y a veces, cuando paseo y oigo lo que les explican a los pobres turistas, me sabe mal que los estén engañando», comenta. En Menorca existen unos 200 guías oficiales titulados pero tan solo trabajan una veintena de forma habitual durante el año.