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Bueno, ya tenemos la cifra. El 20 % de los alemanes, uno de cada cinco, son de ultraderecha neonazi. Lo he pensado un par de días y, al menos en Europa, no es lo mismo el 20 % de Alemania que el 20 % de cualquier otro sitio. A las cifras y los porcentajes siempre les faltan especificaciones para significar algo. ¿El 20 % de qué? De neonazis, decíamos. Eso ya engorda mucho la importancia del porcentaje, pues no es lo mismo hablar de neonazis que de conservadores, socialdemócratas o aficionados al fútbol. ¿Y neonazis de dónde? De Alemania, lo que la incrementa considerablemente, porque tampoco es igual hablar de extremistas belgas, o incluso italianos, que de alemanes. Si aquí tuviéramos, por ejemplo, un 20 % de franquistas, siendo muy grave, tampoco lo sería tanto como ese 20 % de neonazis alemanes. El factor histórico influye, y aunque es difícil precisar a cuántos puntos porcentuales equivale, ese 20 % de alemanes son muchísimos alemanes. Y más aún si contamos los que tenemos en Mallorca. ¡Uno de cada cinco! Su partido AfD quedó segundo en las elecciones, por encima de los socialdemócratas, lo que según su líder Alice Weidel también es histórico. Demasiado factor histórico veo yo ahí. Historia sobre historia, historia repetida. Normal que el señor Musk, que hizo campaña por AfD, y el señor J. D. Vance, vicepresidente de EEUU que atacó con fiereza a las democracias europeas en Munich sin mediar provocación, estén tan contentos con ese 20 %. Quizá les debe parecer un 60 %, como mínimo. Que sumados a su amplia mayoría en Estados Unidos, y la recuperación mediática del saludo nazi, empieza ya a poner las cifras en su sitio. ¡El 20 % de los alemanes, qué barbaridad! ¡La segunda fuerza nacional! Y ahora viene la pregunta práctica que nos urge contestar. ¿Debemos deprimirnos ante ese nefasto porcentaje, o por el contrario alegrarnos de que no hayan ganado como Trump y de momento no ostenten el poder? Bueno, es difícil decidirse.

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Depende de si uno es optimista o pesimista. Quizá los optimistas se depriman porque ese 20 % de alemanes son una pésima noticia, y los pesimistas se alegren porque podría ser peor. O ambas cosas, a ratos. Un reír por no llorar sería lo razonable.