Tristes lodos en Valencia
Imagina que rebobinamos hasta el momento en que la AEMET emitió la «alerta roja» en Valencia el pasado martes, 29 de octubre. En ese punto, podríamos preguntarle al presidente Mazón: ¿por qué se negó a tomar medidas, a reconocer la evidencia de una catástrofe inminente? ¿O a su compatriota, Juan Roig? ¿Por qué también ignoró las advertencias de la gota fría, poniendo en riesgo la vida de sus trabajadores? La misma pregunta cabría para otros empresarios de la zona afectada. Y al presidente Sánchez: ¿no habría sido prudente dejar a un lado las diferencias políticas en un momento de tal magnitud, tomar el mando y decretar el estado de alarma, incluso con el artículo 155 de la Constitución si era necesario? Nos gustaría creer que ninguno de ellos se habría negado. Pero ya es tarde. En la vida real no existen fórmulas mágicas ni segundas oportunidades para volver atrás y prevenir el daño. Pero sí existe la responsabilidad, y ahora se buscan responsables.
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