Les coses senzilles
Adán y Eva
Hay que ver cómo cambian las cosas… Un simple beso ha sido el detonante para que Rubiales –que ya se lo había ganado a pulso-- se haya visto forzado a dimitir. Cinco centímetros, que es la distancia que separa la mejilla de la boca. Desde luego, en mis tiempos no se podía besar a una mujer ni desde la distancia, lanzándole al vuelo un beso imaginario con los dedos. Recuerdo que una vez un chico paseaba con su novia al atardecer y vio una pareja besándose. Empezó a gritar: «Ya sé de dónde eres, lo he visto todo». Entonces uno tenía novia, suegra y familia, quiero decir que entre el novio y la novia se sentaba la suegra, y luego toda la familia compartía la salita de estar, escuchando la radio, mientras los tortolitos se miraban a hurtadillas. Supongo que los jóvenes de ahora pensarán que exagero. No exagero ni un ápice. En aquellos tiempos se dio el caso de que alguna recién casada fuera «devuelta» a sus padres, porque estaba «usada».
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