Les coses senzilles
Paella
Mi amigo Pedro López Fuster siempre me cuenta el mismo chiste: ¿Sabes qué comen los divorciados? Paella. Too paella, naa pa él. Para nosotros la paella es un invento relativamente moderno, porque cuando yo era pequeño, a mediados del siglo pasado, no había paellas ni paelleras en casa, ni siquiera las había en la fonda de mi abuela. El arroz se hacía dentro de una cazuela, un tià, decían en la tierra donde nací. Mi padre que era cocinero hacía a veces arroz dentro de una cazuela enorme que tenía más de un palmo de altura por casi un metro de diámetro. Me mandaba a la tienda de ultramarinos de enfrente, can Coll, a comprar cinco sobres de azafrán y ponía mejillones en el sofrito. Resultado: una masa enorme de arroz amarillo, con conchas negras de mejillones abiertas y llenas de arroz, porque el bicho se había desprendido y perdido en el maremágnum de aquel arroz a la cazuela para cien comensales. Eran los que venían a comer arroz los domingos. O bien canelones. Los que no comían arroz comían canelones. Las paellas no llegaron hasta entrados los años sesenta, y me refiero a un juego de paelleras muy grandes que no se usaron nunca, porque no había tradición. La primera paella que vi preparar la hicieron unos valencianos en casa de mi tía María y mi tío Alfonso. La hicieron en el patio, con un hornillo de cerámica. Metieron todo dentro de la paella sin hacer sofrito. Dijeron que ellos la cocinaban así. Nadie lo discutió.
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