Les coses senzilles
Domingo
Cuando uno está de vacaciones –o cuando está uno jubilado- existe un método infalible para saber si es domingo: mirar el teléfono. Los teléfonos móviles sirven hoy en día para todo, aunque de entrada no te digan si es o no fiesta de guardar. Hubo un tiempo en que existían los domingos y las fiestas de guardar. Guardar las fiestas significaba acudir a misa y cumplir con el precepto de las fiestas que la iglesia católica declara día de precepto: día en que los católicos deben oír misa. Entonces la gente también trabajaba los sábados por la mañana y por la tarde -no había semana inglesa, nadie libraba los viernes por la tarde-, y los escolares acudían a clase los sábados hasta que anochecía. El domingo era el día del Señor, y eso no lo ponía el móvil, por la sencilla razón de que no había móviles. Los teléfonos estaban colgados de la pared y se accionaban con una manivela. Al otro lado, desde una centralita, la voz de la operadora decía: «¿Número?». Y si no lo sabías bastaba decirle: «Póngame con fulano» y ella lo sabía. Si se trataba de una «conferencia» con algún punto de la península uno podía colgar el auricular y la telefonista avisaba cuando estaba lista, a veces con un buen rato de demora. Por supuesto tampoco había tele; había radio y cine.
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