En pocas palabras
Ese tufillo que te llega
Las cosas no van como tendrían que ir y eso lo sabemos todos sin necesidad de ser expertos analistas. Cuando las legumbres que te has comido al mediodía les da por alzar la voz sin pedir audiencia y te pilla descolocado, es decir sin lugar íntimo y cerrado donde acudir en busca de paz y sosiego, es cuando te acuerdas no solo del invento sino también del inventor. No es raro por consiguiente que en la primera época de la pandemia la gente llenara sus carros casi más de papel higiénico que de legumbres. Ahora está pasando algo parecido pero con el aceite de girasol que se agota en las estanterías de los super porque todo ser viviente, emulando a la procesionaria del pino desfila carrito tras carrito en busca de una salvación mal entendida. Porque hemos pasado de casi no mirar una botella de ese aceite a apoderarnos de ella como si fuera oro en paño y hasta casi llegar a las manos en la lucha por llevarse la última.
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