El año 2020 ya no es más que un verbo en pretérito, aunque con la presencia de un bicho exterminador, que ha dejado demostrado que en este mundo de miserias, no hay enemigo pequeño que no pueda armarla, porque la que tiene liada el bicho microscópico de la covid-19 es de colosales proporciones, con miles de damnificados de todas las categorías. Un increíble número de víctimas mortales, que es la forma más definitiva de perderlo todo; cuando uno pierde la vida pierde con ella todo lo demás de cuanto pudiera tener, y los que aún permanecemos vivos, no lo estamos por eso pasando nada bien: nos faltan familiares, nos faltan amigos y vecinos, a la postre, compatriotas que se han ido sin tener que haberse ido. Otros conservan la vida pero han perdido el negocio de su vida, negocio que les sustentaba y que daba trabajo y bienestar a miles de trabajadores. Y como este virus desconoce la piedad, incluso a los niños les ha tocado estar confinados, con lo difícil que es eso para un niño, que no comprenderá que nos han tocado medidas muy duras, y, bueno va, si eso no lleva a marcar a nuestros niños con el estigma de un miedo que no alcanzan a comprender. Trabajo para sicólogos, maestros en recomponer el puzle de la conducta infantil.
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Un año que no ha podido ser peor
08/01/21 0:00
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