Les coses senzilles
Pepe Torrent
Si supiéramos cuándo hemos de morir es posible que cambiáramos nuestra actitud ante la vida, aunque no creo que fuera el caso del pintor Pepe Torrent Vivó, que murió hace poco a los 42 años de edad. Su actitud era demasiado vital como para cambiar nada de lo que había hecho hasta entonces. Si se trata de vivir la vida intensamente, de hacer lo que uno quiere y amar lo que uno ama, creo que ese era el caso de Pepe Torrent. Hasta donde yo alcanzo Pepe Torrent amaba la pintura y los amigos, y le hacía un guiño a la vida, para convertirla en su cómplice. Tenía toda la vida por delante, y ahora tiene lo que yo quiero que pongan en mi epitafio: toda la muerte por delante. Parafraseando a Miguel Hernández: «En Ciudadela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Pepe Torrent, con quien tanto quería». No fue en Ciutadella, sino en Perú, pero el mundo de la muerte debe de ser tan ancho y ajeno como quería Ciro Alegría, que publicó una novela indigenista con ese mismo título en 1941. El mundo de la muerte no tiene fronteras. Por no tener no tiene ni credos, ni partidos políticos, ni vencedores, ni vencidos. «Allegados, son iguales los que viven por sus manos e los ricos», como escribió Jorge Manrique. Déjenme decir, antes de continuar, que Pepe Torrent Vivó era un buen pintor, que es lo mejor que se puede decir de un artista, que era bueno, y que continuará siendo bueno en la obra que dejó tras de sí. Tenía imaginación, y lo demostraba en sus pinturas y dibujos. Pese a su juventud, tenía una visión del mundo propia, y estaba conquistando un estilo definitivo. Tenía un enorme futuro. Era tan generoso que un día vino a mi casa con una carota de Sant Joan en la que había plasmado mi caricatura. «Ahora tú pinta algo por detrás»9, me dijo. La carota fue indultada y aún sigue viva, pero a él no lo indultó la muerte.
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