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En las últimas elecciones americanas, con todo lo enorme que es América, no tenían nada más que dos candidatos para elegir, Hillary Clinton o Donald Trump. Del futuro presidente se ha dicho ya todo lo que es posible decir. Las bolsas se han resentido, cosa por frecuente nada rara en ese dinero virtual que acostumbra a ser la bolsa.

Los políticos de toda Europa han tocado a cónclave para intentar sopesar no lo que le puede pasar a EEUU con un presidente como Trump si no las consecuencias de lo que le puede pasar al resto del mundo, naturalmente incluida Europa. Francamente inconcebible que los americanos le eligieran a él. La señora Clinton, si le queda algo de moral, la tiene que tener por los suelos porque si Trump es a todas luces rechazable para ser presidente como han dicho un sinfín de analistas de todo pelaje y condición, qué no pensarán los americanos de Hillary Clinton cuando a ella la han rechazado de plano, es evidente que para ocupar el despacho oval a ella no la pueden ni ver, lo que significa que el pueblo americano la ve a ella mucho peor que a él.

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Soltando los improperios y amenazas que soltaba en los mítines el ganador, sólo me queda pensar que eso de que la mayoría no se equivoca, es una burda majadería. Por otra parte, no hay más que echarle un ojo a la historia y ahí veremos que no es la primera vez que la mayoría elige a quien jamás debió elegir. Una elección completamente equivocada y si no, que se lo pregunten a Rusia y al resto de Europa, lo que les costó una elección democrática en Alemania, por no querer poner más que un solo ejemplo. Bien es cierto que quizá sea el más catastrófico de los ejemplos posibles.

El futuro presidente Trump ha rechazado los 400.000 dólares que cobraría por su oficio y va a cobrar tan solo un dólar simbólico. ¡Ah amigo!, ¿a qué no le salen imitadores? Rechazar el salario de presidente cuando aquí se ha dicho y publicado que aparte del salario a más de uno se le aparecían sobres con dinero dios sabe de qué procedencia, cómo para renunciar al sueldo y venir a cobrar un euro simbólico. ¡Presidentes autonómicos o del gobierno!, ¡oído cocina! Jodido ejemplo.

El señor Trump, a tenor de la campaña electoral, nos va a dar momento que ahora mismo, mire usted, ni me los imagino; quizá en vez de un muro delante de México, le saldría más a cuenta y sin duda más barato, rodear con un muro el despacho oval. En cuanto a la señora Clinton, creo señora que ha tenido un contrincante fácil si no fuera porque a usted, señora, su país la aborrece. En cualquier caso, para terminar, déjenme decir que si la mayoría de americanos dicen ¡Dios bendiga América!, ojalá que no llegue un día en que esa misma mayoría tenga que decir ¡Dios perdone a América!