Regresa andando del trabajo, como todas las tardes. Hoy se siente más cansado, hastiado, sin saber muy bien por qué. El sol, entre los edificios grises de la ciudad, es como un medallón de hierro candente, vertiendo regueros de fuego sobre azoteas y antenas. Cansado de llenar siempre los mismos papeles, cumplir el mismo horario, reír los mismos chistes, para cobrar a fin de mes otros numeritos en otro papel, la nómina. ¿23, 33 años ya? Suenan músicas enlatadas en todos los establecimientos comerciales, y recuerda una tarde de verbena, una orquesta desmañada, una chica feúcha, pero de cintura cimbreante. Recuerda su colección de discos polvorientos, rayados, sus fotos amarillentas, pantalones estrechitos, tupé cuando tenía tupé, excursiones en bicicleta, antes del primer bikini, ése que parecía un anuncio de fajas Turbo. Sonríe. Tiene los dientes amarillos, como las fotos, pringados de nicotina. ¿Tanto bregar, para qué?
Les coses senzilles
Yema de huevo
02/03/15 0:00
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