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A medida que la guerra en Ucrania entra en otra fase, con las tropas rusas conquistando nuevas ciudades y arrinconando a los soldados de Kiev, el discurso del presidente Vladimir Putin se vuelve cada vez más beligerante y peligroso. El máximo mandatario del Kremlin amenaza a la OTAN y a los países occidentales en utilizar su gigantesco arsenal nuclear si Volodímir Zelenski recibe apoyo directo de militares europeos. La cuestión es dirimir si las amenazas atómicas de Putin son un farol o si, por el contrario, el presidente ruso estaría dispuesto a utilizarlas en suelo ucraniano y europeo. No es la primera vez que desde Moscú se alude a tal posibilidad.

Llegados a este punto, la OTAN reconoce que Ucrania no puede perder la guerra y que Rusia, en caso de ganar, podría seguir invadiendo países vecinos, muy probablemente los Bálticos. Ni Moscú ni los aliados se plantean una derrota en una guerra que ya dura dos años. Es un punto de inflexión en un conflicto del que no se atisba solución. Sólo queda la posibilidad de que ambos países se sienten a la mesa a negociar, aunque sería muy peligroso concederle territorios a Putin anexionados ilegalmente por Rusia, como ocurrió en 2014 con la península de Crimea y Sebastopol. Sería como legitimar una invasión que ya se ha cobrado la vida de miles de reclutas y civiles.