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El cambio climático es una realidad avalada por la comunidad científica y que además podemos constatar empíricamente con el aumento anual de la media de temperaturas y con el agravamiento de los fenómenos extremos como lluvias, huracanes, etcétera. Asociadas al calentamiento global hay muchas campañas y noticias que tratan de concienciarnos de la necesidad de tomar medidas para corregir el rumbo, pero que a menudo utilizan el alarmismo y el catastrofismo.

Para combatir la ansiedad climática que pueden crear estos avisos Hannah Ritchie, investigadora sénior del programa para el Desarrollo Mundial de la Universidad de Oxford, ha escrito El mundo no se acaba. Su libro no es en absoluto un trabajo negacionista, sino una recopilación de datos verídicos y un análisis de la información fiable de la que disponemos. Aboga, además, por una serie de medidas para luchar por la mejora del futuro del planeta.

Ritchie señala que se ha inspirado en el libro «Factfulness», en el que el médico sueco Hans Rosling reúne una colección de datos que prueban que la realidad económica y social del mundo es mucho mejor de lo que pensamos. Dada que nuestra principal fuente de información son las noticias que priman los sucesos anormales y negativos tenemos una percepción de la realidad mucho más pesimista de lo debido.

Ritchie pretende probar que en el terreno del cambio climático sucede algo parecido pues las noticias y declaraciones priman siempre los aspectos apocalípticos. Sus análisis se centran en aspectos como la contaminación atmosférica, la deforestación, la alimentación, la pérdida de la biodiversidad, la sobrepesca o el problema de los plásticos marinos.

Algunos de los alegatos de El mundo no se acaba pueden ser bastante sorprendentes, como es, por ejemplo, el hecho de que en la actualidad el aire esté menos contaminado que en el pasado, gracias a la progresiva desaparición del uso del carbón y a las mejoras técnicas. Éste es uno de los campos en los que la humanidad está avanzando como en su momento lo fueron las exitosas medidas para suprimir las emisiones de gases que destruían la capa de ozono.

La creciente eficiencia de las placas solares está siendo también un gran paso para reducir los combustibles fósiles a fin de producir energía, de modo que en la actualidad por cada unidad energética que consumimos emitimos mucho menos CO2.

Las medidas que propone Ritchie siempre son pragmáticas pues aboga por tratar combatir el cambio climático sin que ello suponga un colapso económico. Quizás uno de los puntos en que hace más hincapié en que debe producirse un campo radical es el de la alimentación pues, señala, que el sistema alimentario actual es responsable de una cuarta parte de las emisiones gases de efecto invernadero. Entre sus recomendaciones está la disminuir la producción mundial de carne de vacuno y no solo porque las vacas emiten gas metano sino también porque las grandes granjas ganaderas son una de las principales causas de la deforestación.

Los libros sobre el cambio climático que no caen en el negacionismo no suelen ser optimistas, éste lo es, aunque a condición de llevar a cabo los cambios necesarios.

El mundo no se acaba. Cómo convertirnos en la primera generación capaz de construir un planeta sostenible

Hannah Ritchie

Traducción de Francisco J. Ramos Mena

Editorial Anagrama

465 páginas