La nueva vida de Tolin. El ciutadellenc Tolin Company entrando en la autocaravana en la que reside desde que le subieron más de un 30 por ciento el alquiler. Vendió su coche y optó por esta alternativa habitacional. | Josep Bagur Gomila

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La crisis de acceso a la vivienda se está convirtiendo en una enorme bola de nieve que crece y crece arrastrando a cada vez más personas a situaciones vitales no hace tanto impensables en la Isla. La virulenta escalada en los precios del mercado inmobiliario está creando abismos insalvables entre los ingresos de los trabajadores y la oferta habitacional, abocando a un número creciente de menorquines a optar por un vehículo –con suerte autocaravanas, pero también furgonetas más o menos adaptadas– como alternativa residencial para todo el año. «La subida del alquiler no nos deja otra salida. Así como está la cosa cada vez va a haber más gente en esta situación».

El testimonio recogido aquí no es el de un temporero, ni el de un joven en busca de un estilo de vida alternativo. Es Tolin Company, un ciutadellenc de 59 años que hace tres meses recibió una de las noticias más temidas de un tiempo a esta parte. Su contrato de alquiler de 600 euros al mes expiraba este mes de febrero y el propietario le subía la renta a 800, un incremento inasumible con su sueldo de transportista que le forzaba asomarse a un mercado inmobiliario que ha enloquecido, prohibitivo para el común de la población.

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A sus 59 años, se ha visto abocado a buscar una solución ante la imposibilidad de asumir el precio de los alquileres. | Josep Bagur Gomila

«Tuve la suerte de poder vender el coche y encontrar por internet una autocaravana de segunda mano en la Península. No me los pensé dos veces», explica aliviado desde su vehículo, que cuenta con cocina y ducha, y gracias al que se ha librado de la intemperie: «¿Si no puedo pagar una vivienda qué voy a hacer, vivir debajo de un puente?». La pregunta se la lanza a la sociedad y en especial a los responsables de esos ayuntamientos –como el de Palma– que han puesto el foco en esta alternativa habitacional aprobando sanciones de hasta 1.500 euros como si de un capricho incívico se tratara. «No me escondo, no tengo nada que esconder».

Más casos

Su caso no es el único. Ni mucho menos. Recorrer los aparcamientos, calles de polígonos industriales y otros espacios más o menos alejados de los núcleos urbanos permite ver aquí y allá –en pleno invierno, no en temporada– un goteo de autocaravanas y furgonetas con cortinas corridas. Obviamente algunas son de amantes de las excursiones de fin de semana, de las escapadas sobre cuatro ruedas, pero las hay habitadas, que esconden en su interior camas recién deshechas y cuando cae la noche emiten tenues luces que atestiguan la gravedad de lo que está pasando no ya en su interior, sino en el territorio que las rodea.

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Caravanas en Sa Punta de Maó. | Gemma Andreu

No todo el mundo quiere dar su nombre para explicar lo que está viviendo. Se comprende. No hace falta. Lo importante no son aquí los nombres, sino la realidad que conforman. Es el caso de este argentino de 54 años que llegó a Menorca hace un cuarto de siglo. De profesión mecánico náutico, una afección cardiaca le impide trabajar en lo suyo y está a la espera de una valoración de incapacidad. Está separado y es responsable de un hijo menor en régimen de custodia compartida. Hasta hace poco vivía en un piso en Es Castell. Su casero le comunicó que tenía que abandonar el piso, que era para su hija. «Es mentira», asegura, mientras relata que «conozco a más de 20 personas que no tienen donde vivir». Ahora, después de darse cuenta que era imposible asumir lo que se pide por un alquiler, reside en una autocaravana estacionada en un aparcamiento provisional de Maó, de esos que esperan promociones de pisos eternamente. Muestra satisfecho la autocaravana en la que vive, en la que con sus habilidades y conocimientos manuales ha habilitado un espacio para que duerma su hijo los días que se queda con él. Ha montado un techo solar. «Es cien por cien autónoma, es una buena autocaravana, estoy contento». Otros no tienen la capacidad económica para invertir en una casa rodante equipada con gas propano, electricidad, ducha, nevera de dos módulos y cocina equipada.

Remolques y furgonetas

A pocos metros de este vehículo, entre coches de vecinos y trabajadores de la zona, descansa sobre el suelo de tierra un simple remolque con signos de llevar tiempo sin que ningún vehículo lo mueva. En la puerta se acumulan grandes garrafas de agua vacías, cubos y un carro de la compra, entre otros enseres. Nadie contesta, pero testigos de la zona confirman que lleva tiempo habitada. También hay clases y clases en los nuevos vecindarios que la crisis de acceso a la vivienda está configurando.

De entre esas clases asoma el último ejemplo que se recoge aquí de este fenómeno en expansión que a medida que se acerca la temporada turística se va a hacer cada vez más visible. En los aparcamientos junto al polideportivo de Maó encontramos una pequeña furgoneta con la puerta lateral abierta, una cortina apenas tapa el interior, donde hay una cama y ropa revuelta.

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Sale un hombre de 45 años que reside en Menorca desde hace diez años. Está cobrando el paro. Tiene un contrato fijo-discontinuo en un restaurante y está a la espera de que en el mes de marzo le vuelvan a llamar para trabajar. Ha pasado el invierno entre la furgoneta y casas de amigos. No quiere dar más detalles, ni el nombre, ni que se fotografíe su vehículo. Se dirige al polideportivo, donde por 18 euros al mes tiene acceso a la sala de musculación y a la piscina, pero sobre todo a las duchas y a los lavabos en los que poder asearse. «Menorca está fatal con esto de la vivienda. Hoy soy yo, pero mañana puede ser cualquiera».

El apunte

El Consell encargará un estudio pero no espera tenerlo hasta dentro 2 años

El Consell aprobó el pasado mes de septiembre una propuesta de acuerdo presentada por el Grupo Socialista para realizar un estudio sobre el fenómeno de las personas que recurren a autocaravanas como alternativa habitacional. El análisis, del que se hará cargo el Observatori Socioambiental de Menorca (Obsam), todavía no ha arrancado –falta formalizar el encargo–, pero la consellera de Ordenación Territorial y Turística, Núria Torrent, ya avanzó en pleno que se prevé que no está listo hasta dentro de dos años. La idea es que se elabore mediante entrevistas en distintos puntos de la Isla y momentos del año para recabar información acerca del perfil de las personas que viven en vehículos y las causas que les ha llevado a esa situación.