Los jugadores de Islandia celebran la victoria con sus aficionados. | TOLGA BOZOGLU

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Inglaterra 1-2 Islandia

Inglaterra: Hart; Walker, Cahill, Smalling, Rose; Alli, Dier (Wilshere, m.46), Rooney (Rashford, m.87); Sturridge, Kane, Sterling (Vardy, m.60).

Islandia: Halldorsson; Saevarsson, Arnason, Ragnar Sigurdsson, Skulason; Gudmundsson, Gylfi Sigurdsson, Aron Gunnarsson, Birkir Bjarnason; Sigthorsson (Elmar Bjarnasson, m.77), Bodvarsson (Traustason, m.87)

Goles: 1-0, m.4: Rooney de penalti. 1-1,: m.6: Ragnar Sigurdsson. 1-2, m.20: Sigthorsson.

Árbitro: Damir Skovina (Eslovenia). Amonestó a los ingleses Sturridge y a los islandeses Gylfi Sigurdsson, Aron Gunnarsson.

Incidencias: Partido de los octavos de final de la Eurocopa 2016 disputado en el estadio Allianz-Riviera de Niza ante 33.901 espectadores.

Islandia escribió en Niza la más bella gesta de la Eurocopa, un milagro basado en la fe y el coraje, pero también en el buen juego, con el que fue capaz de derrotar a toda una selección inglesa, que acabó desquiciada, y de prolongar su epopeya hasta los cuartos de final, donde se encontrará con Francia.

Lo que parecía una anécdota, la clasificación islandesa para una fase final por primera vez en su historia, ha ido creciendo hasta convertirse en una de las mayores sorpresas del fútbol mundial.

Una lección sobre cómo la ausencia de complejos puede acabar con las supuestas diferencias de calidad. Islandia demostró a Inglaterra que no le alcanza ni con la tradición ni con la chequera y el equipo de Roy Hodgson, que no seguirá en el cargo, se va de la competición por la puerta de atrás, en medio de una gran crisis y con un futuro incierto.

La imprudencia islandesa, tan capaz de lo bueno como de inocentes errores, propició, además, un divertido espectáculo. Puede que no un gran partido de fútbol, pero sí un atractivo duelo, entre un equipo que se sentía superior y no sabía como demostrarlo y otro muy inferior que estaba ante la ocasión de su historia. Y sabía cómo aprovecharla.

Inglaterra se vio con ventaja nada más comenzar, por una mala salida del meta Hannes Halldorsson a un balón cruzado hacia Raheem Sterling. Derribó al delantero del City y Wayne Rooney, que este lunes igualó a David Beckham en ocasiones portando el brazalete de los «pross» (115), no falló el penalti.

Cuatro minutos y el partido parecía sentenciado. Pero esta selección islandesa nunca se rinde. Defiende con coraje, disputa con fiereza cada balón y, en ataque, le vale cualquier llegada al área.

Aprovecha algo tan simple como los poderosos saques de banda de Aron Gunnarsson hacia el área. Uno de estos, prolongado de cabeza por Kari Arnason dejó solo y en carrera a Ragnar Sigurdsson para meter desde el área pequeña el gol de su vida.

Estupefacto, el equipo de Hodgson se lanzó con todo sobre la meta islandesa y acumuló disparos desde fuera del área (Delle Ali, Harry Kane, Rooney), pero siempre imprecisos.

Y se olvidó de defender. Permitió una excelente combinación del ataque islandés al borde de su área, que culminó Kolbeinn Sigthorsson con un disparo ajustado al poste que se le escapó a Joe Hart.

Veinte minutos y un milagro. Un escenario imprevisto por los «pross», cada vez más nerviosos, cada vez más acelerados ante un conjunto reforzado por el calor de su grada.

Y como pasaban los minutos, y como lejos de descomponerse los islandeses hasta asustaban -con una chilena de R.Sigurdsson, que rechazó con fortuna Hart- Roy Hodgson buscó nuevos rematadores.

A la hora de juego, entró Jamie Vardy para ver si, a falta de ideas, el goleador del Leicester era capaz de cazar algún balón suelto dentro del área. Pero ni así.

Los «pross», el millonario equipo inglés, dirigido por el seleccionador que más gana de la Eurocopa (5 millones de euros), llegaron al tramo final del partido con el agua al cuello. Sin capacidad de reacción y hasta acosados por una selección islandesa que cada vez llegó con más peligro al área de Hart.

No pudo Inglaterra cambiar su destino y, ya tiene su propio Brexit, expulsada por los valientes islandeses, que ya confían incluso, en dejar al torneo sin su anfitrión. Capaces son.