La mujer en la Iglesia es un tema eterno, recurrente.
—Desde el punto de vista organizativo, con el papa Francisco ha habido novedades respecto a cuestiones que ya eran urgentes. En 2022, elaboró un documento de reforma de la curia por el que cualquier laico, cualquier bautizado, puede ocupar los cargos administrativos más altos de la Iglesia. La consecuencia ha sido que tenemos una prefecta, el equivalente a ministra, de Órdenes Religiosas. Se trata de Simona Brambilla, una religiosa misionera y enfermera que, en su ámbito de gestión, está por encima de obispos y cardenales. De hecho, 780.000 personas dependen ahora de ella, de las que 620.000 son mujeres. Tenemos otras mujeres en altos cargos, como el caso de la laica argentina Emilce Cuda, que es corresponsable de la Comisión Pontifical para América Latina. Es importante la visibilización de mujeres en puestos de poder.
Pero se aspira a algo más que a la estructura organizativa, ¿no?
—Sí, no hay duda de que se avanza a paso de paquidermo y no lo estoy justificando. Siempre hay una inercia de resistencia al cambio. En el caso de la Iglesia, las causas de esa lenta evolución son las mismas que las de la cultura patriarcal. Todavía existe una necesidad masculina de ocupar áreas de poder donde no se quiere competencia, cuando de lo que se trata es de avanzar sin unos patrones patriarcales. La plenitud humana se consigue haciendo como Cristo, más allá de ser hombre o mujer.
Todavía estamos viendo imágenes como la de aquellas monjas limpiando un altar ante la mirada del Papa y altos cargos eclesiásticos, todos ellos hombres.
—Sí, eso fue en la Sagrada Familia, en Barcelona. En efecto, la imagen fue terrible, con un presbiterio lleno de hombres. Esa imagen me dio mucha tristeza, pues las comunidades de religiosas tienen mucha fuerza y vigor. Fue una oportunidad perdida para dar una imagen real de las religiosas.
Fue muy sorprendente ver la función que se otorgaba a esas religiosas.
—Sí, pero no siempre se han dado esos estereotipos de género. El mensaje de Dios para Juana de Arco, una mujer analfabeta, fue guerrear y para San Francisco de Asís fue proteger la naturaleza, cuando parece que esos roles deberían estar intercambiados. La propia Teresa de Ávila era más fuerte y batalladora a medida que cumplía años, todo lo contrario que podía pensarse de una mujer de avanzada edad en su época.
¿Pero llegaremos a ver mujeres ordenadas sacerdotes?
—No se trata de que Francisco o cualquier otro papa decida un día que las mujeres pueden ser sacerdotes. Este tipo de cambios profundos tienen que venir desde abajo. Juan XXIII impulsó cambios profundos en la Iglesia con el Concilio Vaticano II, pero lo hizo porque había movimientos anteriores que empujaban desde abajo. Las imposiciones desde arriba no funcionan. Ahora mismo hay un movimiento de mujeres ordenadas sacerdotes. Son más de 300 y han sido todas excomulgadas. Fueron ordenadas por dos obispos ante notario, pues ante la Iglesia era inviable. Y hay mujeres obispas que a su vez pueden ordenar sacerdotes. El arzobispo Marcel Lefevre fue también excomulgado, pero Benedicto XVI levantó la excomunión. Podría pasar lo mismo con estas mujeres. También nos encontramos con paradojas, como la de alguna religiosa que enseña homilética, que es el arte, la ciencia y los principios de la retórica para la predicación, y resulta que ella misma no puede predicar.
¿Pero en qué situación nos encontramos ahora mismo?
—Pablo VI convocó la Comisión Bíblica Internacional en los años 70 del pasado siglo y se estudió la cuestión durante dos años. La conclusión fue que no había objeción para que las mujeres pudieran ejercer el sacerdocio, pero no era el momento, según la propia decisión del papa.
Pues ese momento sigue sin llegar.
—Benedicto XVI estableció como definitivo que las mujeres no pueden ser sacerdotes, pero definitivo no es un concepto eclesiástico. Las cuestiones eclesiásticas pueden ser dogma o no. En cualquier caso, Benedicto XVI no estableció como dogma que las mujeres no pueden ser sacerdotes.
¿Y Francisco qué ha dicho al respecto?
—De momento, que las mujeres no pueden ponerse al frente de la liturgia.
Al final, las mujeres podrán ser sacerdotes por una cuestión práctica, por la falta de vocaciones de los hombres.
—Estoy a favor de la ordenación de las mujeres, pero no debería ser por una cuestión práctica. No me parecería digno. Las mujeres deben poder ejercer el sacerdocio por un reconocimiento a su dignidad. Sí es verdad que está ocurriendo una situación llamativa: los hombres tienen problemas para ponerse al frente de las parroquias y gestionarlas, están muy ocupados en estas labores organizativas, precisamente por la falta de vocaciones, mientras las religiosas están formándose al más alto nivel, pero no hay que olvidar que entre las mujeres también faltan vocaciones. Al final, comparo esta situación con las de las sufragistas de principios del siglo XX. Eran una minoría, incluso entre las propias mujeres, pero al final consiguieron sus objetivos. Los movimientos de reforma son así.
Y el movimiento por las mujeres sacerdotes, ¿continúa siendo minoritario?
—En este momento diría que sí. Cuando sólo un 5 % de la población quiere algo, es probable que tenga éxito. Cuando se llega al 10 %, seguro que tiene éxito. Creo que en la Iglesia todavía no llegamos al 10 %. Si las mujeres lo quisieran de verdad, mañana mismo podríamos ser sacerdotes.
No sé si habría que apelar a la intervención divina.
—Pues podríamos decir que el Espíritu Santo ya quiere que las mujeres puedan ser sacerdotes, pero la mayoría de hombres y mujeres aún tienen miedo a dar el paso. También es voluntad de Dios que no haya guerras, pero, desgraciadamente, sigue habiéndolas.
La posición de la Iglesia respecto a la homosexualidad tampoco avanza o lo hace muy lentamente.
—Hace años, el Derecho Canónico establecía que el homosexual estaba en pecado. Ahora ya no, pero estamos en una situación en la que tus sentimientos no son pecado, pero si actúas como homosexual sí lo estás. No es coherente, pero sí hemos avanzado en que se bendicen parejas homosexuales abiertamente.
¿Sigue activa políticamente por el independentismo?
—El independentismo está de baja en este momento, pero ya volverá a crecer. Estamos en una fase de reflexión sin abandonar el activismo.
20 comentarios
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Vaya, si hay pocas monjas, que el gobierno establezca una cuota de paridad obligatoria. Y que implante incentivos para que la poblacion monjil aumente.
ChardonnaySón molt fàcils de fer es comentaris com es teu. Lo que ja no es tan fàcil és articular-los. Jo també puc dir que tú no entens res o coses en aquesta línia, però jo intent donar arguments. Em pots raonar què és el que no entenc?
Jorge07Perdó si es sent insultat, que no ofès; no crec que “tòxic” sigui una paraula tant lletja per xerrar d’una organització que ha cremat llibres i persones, prohibit es pensament crític i qualsevol tipus de dissidència durant segles, generat un horrible auto-odi en tots els homosexuals des de s’època helenística o prohibit els preservatius a Àfrica quan mig continent es moria de SIDA. Podria seguir anomenant atrocitats variades durant hores per m’aturaré, no sigui que algú es senti insultat. Sa història des catolicisme és tant “controvertida” (que li sembla un terme així per referir-me a ella? Esper que no li sembli insultant), que inclús es papa Ratzinger es va disculpar públicament a l’any 2000 per coses com ses croades, sa inquisició, o sa conversió forçada d’indigenes a sudamèrica. I açò em duu a sa seva cínica frasse ”La iglesia es un club privado donde se ingresa o pertenece voluntariamente”. A part dels indígenes sudamericans, milions de persones han estat “evangelitzades” sense demanar-ho. Sense anar gaire enfora, a jo em van fer cristià sense demanar-ho, com es 99% dels cristians. Ses religions agafen a es fiets quan encara no tenen mecanismes conceptuals per defensar-se i els omplen es cap d’aquestes coses “discutibles” (perdó, anava a dir “tòxiques” una altra vegada). Ses religions haurien d’estar prohibides per es fiets fins que no tenguin prou seny per escollir-les voluntàriament. Finalment, em fa gràcia açò que diu que es meu tò insultant desacredita tot el que dic. Més li val pensar així perque vosté sembla incapaç de desacreditar-ho de cap forma racional i argumentativa.
SilesiusEnhorabona! No has entés res de la religió ni la espiritualitat. Ni del que diu na Teresa Forcades…
Pues que vayan al islam y verán lo mucho que hacen las mujeres
SilesiusUtilizar “ maneres menys tòxiques…” para dar certeza a su escrito refiriéndose a una entidad, en este caso religiosa, podría ser cualquier otra, desautoriza todo su argumentario e insulta gratuitamente, que no ofende. Ofende solo él puede…
... hagamos un paralelismo con otro sinsentido como es la carrera castrense, donde desde siempre se ha proscrito a las féminas y a los homosexuales... pues ahora en los ejércitos occidentales se admiten mujeres, e incluso en EEUU han tenido que reformar leyes conservadoras para admitir a gays... y no lo hacen por haber madurado intelectualmente, sino por simple necesidad, porque si no no hay combatientes... lo mismo pasará con las confesiones religiosas, cuando los seminarios echen el cierre por falta de vocaciones, abrirán el grifo a las mujeres que quieran, pobrecitas ellas, entrar el la secta con todas las de la ley... pero espero que eso no pase, porque tengo confianza en que las féminas son mucho más inteligentes que eso... a las religiones organizadas hay que dejarlas morir de viejas, no ponerles muletas, que si no dan una imagen deprimente... y nadie en su sano juicio querría embarcarse en una misión suicida de reflotar un cadáver agonizante que además huele mal...
La iglesia es un club privado donde se ingresa o pertenece voluntariamente. A partir de hay hay normas, reglamentos y jerarquías establecidos; quien no le guste o no esté de acuerdo !adios! Todo junto, no - a Dios- no !adeu! Y punto.
... parece mentira que una persona que parece medianamente inteligente, siga defendiendo públicamente unas ideas tan descacharrantes como son las creencias religiosas...
Da lo mismo si es por razones prácticas: tienen el mismo derecho que los hombres y pueden asumir las mismas funciones.