Catalina Isabel de la Fuente
Catalina Isabel de la Fuente

Directora de la UCTAIB

Economía social y turismo sostenible

TWL

A punto de arrancar la temporada turística, es necesario reflexionar sobre un fenómeno que genera de manera progresiva consecuencias económicas, sociales, ambientales y culturales negativas en nuestro territorio.

¿Cómo es posible que en el sector con más peso en nuestra economía no exista ninguna cooperativa u otra empresa de economía social? La respuesta es sencilla: los valores del actual modelo turístico son la antítesis de los valores y principios cooperativos. El proceso de la industria turística es esencialmente extractivo: mercantiliza el territorio y explota sus recursos naturales, culturales y sociales para obtener un beneficio económico que favorece la concentración de capitales y el lucro de sociedades financieras y fondos de inversión de dudosa conciencia social.

Todo ello se justifica con el argumento de que el turismo aporta riqueza porque genera ocupación. Pero la realidad es que genera puestos de trabajo precarios y un nivel de vida más bajo. Lejos de mejorar la vida de las personas, encarece el precio de la vivienda y gentrifica la ciudad, sube el precio de productos esenciales y genera problemas de salud mental y estrés.

El cooperativismo podría ser una de las opciones que nos lleven hacia un turismo sostenible: cooperativas de servicios turísticos, alojamientos gestionados colectivamente, productores agroecológicos y espacios culturales autogestionados forman parte de un ecosistema que puede ser una alternativa real al turismo convencional.

Además de apoyar a proyectos económicos locales, este modelo refuerza la conciencia sobre alternativas más éticas al turismo de masas y fomenta un consumo más respetuoso con el territorio.
Las iniciativas de economía social tienen como objetivo generar un impacto social positivo mediante la gestión democrática y la colaboración mutua; están orientadas a satisfacer las necesidades de las personas y del territorio, en contraposición al turismo de masas, que acumula capital a través de la explotación de recursos locales.

Las cooperativas ligadas a la actividad turística dan respuesta a la creciente preocupación medioambiental y ética de buena parte de la demanda turística, cada vez más importante, como consecuencia de las crisis económicas, sociales, medioambientales y sanitarias que hemos sufrido. Así, el turismo solidario o el turismo responsable, se convierte en una actividad que no tiene el beneficio económico como objetivo único, sino contribuir a los ODS intermediando los valores morales y éticos propios de las cooperativas: el turismo puede llegar a contribuir a la erradicación de la pobreza y a la sostenibilidad del territorio.

Así pues, el cooperativismo será un actor clave en la transformación del sector turístico. Desde las entidades de economía social apostamos por un modelo más sostenible, democrático y respetuoso con el territorio y las personas, pero hace falta un marco normativo que lo favorezca mediante el apoyo de la administración, la protección de los sectores primario y secundario y la organización social de los cuidados.