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Tras la terrible disrupción provocada por la pandemia en el sector turístico (el más fuertemente afectado por las restricciones sanitarias), el mundo asistió a un incremento acelerado de la demanda turística que no tenía precedentes, denominado por algunos «furor viajero» y asimilado por otros al «efecto botella de champán» tras las restricciones sufridas. De esta forma, 2023 y 2024 han sido años excelentes para el sector turístico global y especialmente el español, con crecimientos del PIB turístico que doblaban los de la economía en general, y batiendo registros históricos de llegadas de viajeros internacionales a nuestro país, que en 2024 superarán los 93,8 millones. Las Balears registraron un excelente desempeño con un crecimiento de llegadas internacionales de +6,15%, (hasta los 15,3Mn), lo que nos permitió avanzar en la tan deseada extensión paulatina de las temporadas, prolongando los periodos de apertura de los hoteles.

La mejor noticia fue la evolución de los ingresos turísticos, que a nivel nacional superó los 207.000 Mn€, (+6,5%) y a nivel regional se incrementó en +7,9%, mostrando un positivo patrón de crecimiento, al presentar un mejor balance en ingresos por turismo que en afluencia o número de turistas. Mientras la demanda internacional hacia nuestro país se incrementó en un +10% aproximadamente, el gasto medio de estos viajeros creció en un 16,5%.

La conclusión es unánime: la fortaleza del turismo no obedece ya a una reacción frente a las restricciones sanitarias, ni a ninguna razón puramente coyuntural, sino a un cambio en los hábitos y prioridades sociales, donde las experiencias y muy especialmente los viajes, superan ya a los bienes materiales en las decisiones de gasto de individuos y familias, apuntando a una fortaleza «estructural» y a largo plazo del turismo. Una fortaleza que debe sustentarse, eso si, en un desarrollo más cualitativo, respetuoso y sostenible, que desde el sector y la sociedad balear venimos reclamando y que precisará de manera especial, de un abordaje más riguroso de la situación creada por la oferta ilegal (y muy especialmente por el alquiler vacacional ilegal), y del mantenimiento del compromiso y colaboración público-privada por un modelo más cualitativo y sostenible, que tan positivos frutos ha dado en nuestras islas, en el pasado.

Como primera hotelera española, Meliá es un ejemplo claro de esta evolución, con un balance positivo reflejado en los Resultados del Grupo en 2024, que acabamos de presentar y con positivas perspectivas también para el año 2.025, con una demanda que continua creciendo, si bien a ritmos más «normalizados» a medida que se recuperan los niveles de actividad pre-Covid en todo el mundo. Y al igual que el país registra una positiva tendencia a la mejora de los ingresos, denotando un avance de la inversión en mejora y reposicionamiento del producto, el éxito de Meliá en estos dos últimos años de fuerte recuperación refleja una estrategia focalizada en fortalecer nuestro balance y crecer, elevando el valor y la categoría de nuestro portfolio hotelero, al tiempo que nos reafirmamos en nuestros compromisos y nuestro liderazgo en sostenibilidad, como la Compañía Hotelera más sostenible de Europa, y la tercera más sostenible de todo el sector turístico global según el Sustainability Yearbook de Standard&Poors Global.