Payasos de profesión, en un acto en Londres en honor a Joseph Grimaldi, el más célebre payaso inglés desde 1946. En el sector critican la «absurda» fiebre de los payasos que salen a las calles a asustar. | Efe

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La ONG «Payasos sin Fronteras» (PSF) ha reivindicado la figura del payaso como un personaje que «hace reír y juega con los sentimientos positivos», frente a quienes utilizan su característica vestimenta y maquillaje para asustar e incluso agredir, en alusión a los denominados «payasos diabólicos».

«Es absurdo que haya gente perdiendo el tiempo con esto», ha afirmado el delegado de PSF en Extremadura, José Maestro, de la compañía Asaco Producciones.

La figura de los «payasos diabólicos», que comenzó en Estados Unidos y que ya ha llegado a varios países europeos, incluida España, ya contabiliza varias agresiones, una de ellas en Badajoz.

Un joven pacense ha denunciado que un hombre disfrazado de payaso le abordó en las inmediaciones de un aparcamiento e incluso le dio un golpe en la pierna con una llave inglesa.

A nivel de imagen y de posibles repercusiones negativas que entre los profesionales de este arte pueden generar estos «payasos diabólicos», Maestro ha afirmado que, «a día de hoy no nos preocupa».

No obstante, ha apuntado que, «si estos va a más, sí podría dañar nuestra imagen, la de todo un colectivo de profesionales». En este sentido, las redes sociales pueden jugar un papel negativo a la hora de difundir las acciones de estos «payasos diabólicos».

A pesar de ello, Maestro ha explicado que en una reciente convención mundial de payasos celebrada en Catalunya «no se habló de este tema» ni salió a relucir en las ponencias del encuentro.

Cansado de que la palabra «payaso» y su figura sean algo peyorativo, pues detrás de estos personajes hay profesionales del ámbito escénico y del humor, Maestro ha lamentado que la sociedad haya distorsionado la figura del payaso, especialmente a través del cine.

Frente a quienes atemorizan o cometen actos violentos utilizando la vestimenta del payaso, están quienes trabajan en los campos de refugiados instalados en el Kurdistán iraquí y en Etiopía, con el objetivo de ofrecer apoyo emocional a la infancia refugiada y desplazada, una acción en la que trabaja PSF de Extremadura.