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Los rusos disfrutan desde este sábado de una semana de vacaciones pagadas por decreto del presidente, Vladímir Putin, que quiere así poner freno al avance de la pandemia del coronavirus en medio de récords diarios de casos y de muertes ante la renuencia de muchos ciudadanos a vacunarse y a cumplir las normas sanitarias.

Putin ha aprovechado el puente del Día de la Unidad del Pueblo de Rusia el 4 de noviembre para estirar los días no laborables en todo el país, donde hoy sábado se ha registrado otro máximo desde el inicio de la pandemia con 40.251 nuevos contagios. Es la segunda vez en una semana en que las nuevas infecciones superan la barrera de los 40.000 en las 85 regiones del país.

A su vez, se han producido 1.160 muertes, solo tres menos que el viernes, cuando los decesos por Covid-19 marcaron un nuevo máximo diario.

La agencia de estadísticas Rosstat dijo la víspera que solo en el mes de septiembre 44.265 personas fallecieron por coronavirus, cifra menor que en agosto y julio, pero casi el doble que en junio.

Esta cifra elevaría el total de muertes en lo que va de pandemia a unos 450.000, casi el doble de los 237.380 que recoge el Gobierno. Y no se han publicado aún los datos de octubre, un mes negro a la vista de los récords diarios que encadena desde hace semanas.

Hasta ahora las autoridades rusas han evitado imponer un confinamiento y el cierre de la economía como hizo durante algunos meses en 2020.

El líder ruso dio a las regiones la opción de adelantar unos días y prolongar más allá del 7 de noviembre las vacaciones retribuidas según su situación epidémica.

En seis regiones, Voronezh, Nizhny Novogorod, Novogorod, Kursk, Samara y Perm, los días no laborables entraron en vigor el pasado día 25, mientras que en otras siete, en particular en Moscú y la región de Moscú, el enclave báltico de Kaliningrado, Adigueya, Jakasia, Smolensk y Rostov, la medida comenzó ya este jueves.

En la mayoría de las entidades rusas se han implantado junto a las vacaciones retribuidas medidas como el cierre de comercios y empresas no esenciales, como es el caso de Moscú.

También se prohíben eventos deportivos, culturales y de entretenimiento masivos, se han cerrado guarderías y colegios, y se obliga a los visitantes de museos y teatros -que solo pueden acoger la mitad del aforo- a mostrar el código QR que demuestra que están vacunados o han pasado la enfermedad.

La viceprimera ministra y encargada de la lucha contra el coronavirus, Tatiana Gólikova, dijo el viernes que la situación epidémica ha empeorado en 13 entidades rusas entre el 22 y 29 de octubre.

Por ello Putin ha ordenado al ministro de Salud, Mijaíl Murashko, que visite las regiones más afectadas, por lo que este sábado su departamento ha informado de que viajará a nueve entidades rusas con la situación epidémica más difícil.

Gólikova se ha mostrado además preocupada por el hecho de que "muchos rusos hayan planeado viajes a otras regiones" durante las vacaciones.

Según un sondeo del centro de estudios oficialista VTsIOM, más de la mitad de los rusos (un 53%) aprueba la medida impuesta por Putin para frenar la nueva ola del coronavirus, frente a un 40% que no la ve necesaria.

Un 72% de los ciudadanos pasará los días no laborables en casa, un 25% trabajará y un 2% viajará a otra región.

Las autoridades atribuyen el incremento de los casos y de la mortalidad a la agresividad de la variante delta y al laxo cumplimiento de las medidas sanitarias, dado que muchos ciudadanos llevan, por ejemplo, la mascarilla por debajo de la nariz.

En los últimos días se han detectado en el país cinco casos de la nueva subvariante de delta, AY.4.2, según el organismo sanitario de Rusia Rospotrebnadzor.

Pero a las autoridades les inquieta sobre todo la baja tasa de vacunación, que está lejos de ser suficiente para formar la inmunidad de rebaño en el país que registró la primera vacuna del mundo y que es especialmente reducida entre los mayores de 60 años.

A día de hoy 50,96 millones de ciudadanos se han vacunado con la pauta completa en Rusia, lo que sitúa la inmunidad colectiva solamente en el 46,8%, según los datos oficiales.

El Kremlin se niega a imponer la vacunación obligatoria, coincidiendo con el 77% de los rusos que creen que se trata de un asunto privado.

La jefa sanitaria de Rusia, Anna Popova, considera que actualmente tampoco es necesario cerrar de nuevo las fronteras, porque la mayor distribución del coronavirus se produce dentro del país y no son importados.

En marzo del año pasado Rusia cerró sus fronteras externas y el tráfico aéreo con otros países. Desde entonces ha ido abriendo paulatinamente las comunicaciones con aquellos países que tienen una situación epidémica favorable. A día de hoy lo ha hecho con más de 60 países.