En pocas palabras
Hoy te quiero más que ayer…
Pero no estoy seguro si te querré igual mañana. Estamos a una semanita de ir a votar y no sé ustedes, pero yo ya llevo mi camisa de lo más sobada y mis manos y espalda amoratadas de tantos achuchones. Porque uno es considerado y nada despreciativo con quien vienen a saludarte con la mejor de las sonrisa, aunque en su vida se hayan dignado dirigirte la palabra. Se ha abierto la tienda de los dulces y casi sin quererlo te encuentras con la nariz pegada en el escaparate repleto de todo tipo de promesas, algunas antiguas, de esas que jamás se llegaron a materializar y muchas otras de nuevas, difíciles de realizar pero que llenan de ánimo a quienes las ofrecen. Deberíamos ser más cautos y en lugar de ofrecer gigantes ya demasiado crecidos, decantarnos por los enanitos que cuentan con un mayor éxito a corto y largo plazo.
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