Asseguts a sa vorera
Correr, bendita terapia
Cuando llevas corriendo 20 kilómetros mientras llueve y caen rayos más cerca de lo que en realidad parece, la única luz con la que cuentas es la que desprende el irrisorio frontal, que compraste en los chinos, en mitad de un camino oscuro ideal para rodar la escena más tenebrosa de cualquier película de miedo, hace un frío que hiela y el cuerpo empieza a quejarse y a preguntarse porqué narices no te quedaste en el sofá mirando la tele, estás enfermo y padeces delirios de 'runner'. O lo que es lo mismo, aquella persona que araña horas al día para escaparse un rato del mundanal ruido y correr. Desde diez minutos a tres horas. Cien metros, quinientos o cinco kilómetros. Aquel que abandona su vida sedentaria y, en lugar de ahogarse en la monotonía, aprovecha que no está en su sano juicio o no quiere estarlo y se zampa, de buena mañana, 500 zancadas de asfalto.
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