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Irán, tras atacar a Israel con centenares de drones y misiles, advierte que «si el régimen israelí comete otro error, nuestra respuesta será considerablemente más severa». La tensión en Oriente Próximo es máxima después de esta misión de represalia de Teherán para vengar el ataque contra su consulado en Siria, atribuido a Israel.    La respuesta del régimen ayatolá al ataque judío a la embajada persa en Damasco, que descabezó la cúpula de la Guardia Revolucionaria islámica, agudiza un escenario explosivo, teniendo en cuenta que Irán es una potencia nuclear. Ante esta gravísima situación, el presidente norteamericano, Joe Biden –principal aliado del Estado hebreo–, advierte que no quiere que el asalto de Irán se convierta en un conflicto militar más amplio.

Al mismo tiempo, los líderes del G-7 se reunieron ayer por videocoferencia y ha sido convocado el Consejo de Seguridad de la ONU. Un escenario que tendrá consecuencias devastadoras si se convierte en conflicto mundial, dadas las alianzas de unos y otros. La comunidad internacional debe rebajar la tensión y evitar que las dos superpotencias lleguen a un enfrentamiento abierto. La diplomacia ha fracasado hasta el momento, pero la cordura debe imponerse porque    dos conflictos bélicos al mismo tiempo –el primero es el rusoucraniano– supondrá un desastre de proporciones incalculables.