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Los resultados electorales del domingo tienen una lectura en clave autonómica, de la misma manera que lo tuvieron las elecciones europeas del 2014 en las que irrumpió Podemos de manera sorpresiva hasta alcanzar el actual papel en la izquierda española. Menorca y las Balears en su conjunto han cambiado, de forma significativa, el sentido del voto en estos últimos seis meses para volver a situar al PP como primera formación política, a considerable distancia de sus adversarios.

La recuperación del Partido Popular se produce en un momento de dificultad y de interinidad, dado que tras los comicios municipales y autonómicos de mayo del 2015 aún no se ha celebrado el congreso regional ni los congresos insulares y locales para elegir las nuevas direcciones. La base electoral que el 20-D optó por otros partidos o por la abstención ha regresado al Partido Popular.

El PSIB-PSOE ha evitado la debacle que pronosticaban los sondeos, pero la coalición Units Podem Més ve frustradas sus expectativas por el rechazo de los nacionalistas de Més al pacto con Podemos, partido de obediencia estatal. El Govern del Pacte no debe sufrir las discrepancias entre sus socios.