Primer toc de fabiol as Migjorn Gran per Sant Cristòfol | R.P.A.

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Uno nunca sabe cuándo acaba la fiesta, pero sí a la hora que empieza. Y en Es Migjorn Gran la esperaban con ansia, como se pudo comprobar en la Plaça de la Església, donde puntualmente, a las cinco de la tarde, el sonido del repique de campanas se fundió con el ritmo de la banda de música local, en estado de gracia después de su gran éxito de esta semana con el homenaje a Queen. Arrancaron al son de la marcha del popular pasodoble «Villanueva de la Serena», seguido con entusiasmo por una plaza todavía medio vacía.

Era pronto y quedaba mucha fiesta por delante, a la que progresivamente se fue sumando gente a medida que la banda recorría las calles de la población entonando clásicos populares como «El gato montés». Los músicos, como siempre dirigidos por Isaac Mascaró, cumplieron con la tradición de visitar algunos domicilios, entre ellos el del caixer capellà, Llorenç Sales, quien invitó a los miembros de la banda a degustar un pincho de melón con jamón como tentempié.

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Cuando pasaban unos minutos de las seis de la tarde, la fabiolera Adriana Moll Sales llegaba a la escalinata de Saló Verd, donde pidió permiso a la alcaldesa, Antònia Camps, para comenzar el replec. Una vez otorgado, tras un emocionante momento, sonó el esperado primer toc de fabiol. Ahora sí que sí, Sant Cristòfol ya estaba en marcha oficialmente después de que la regidora más joven de la corporación municipal, Tamara Rotger, entregara la bandera al caixer fadrí, Maxi Borràs, quien deleitó al público con unos espectaculares saltos a caballo.

Así, comenzó a tomar forma una qualcada integrada este año por una treintena de caballos, la mitad de ellos montados por mujeres. Una vez formada, encaminó sus pasos hacia el Saló Verd. El reloj marcaba las 19.30 horas cuando la alcaldesa se dirigió al caixer batle, Joan Marquès Pelegrí, para trasladarle el «orgullo» que para ella suponía que le pudiera representar en las fiestas. Acto seguido, le entregó el bastón de mando ante el aplauso popular. «Tengo plena confianza en ti, amigo Joan», le dijo antes obsequiarle con la medalla de Sant Cristòfol. «Que comiencen las fiestas», concluyó.

Tras exhibirse con una vuelta por el pueblo, los miembros de la qualcada, ya a pie y precedidos por una multitud que disfrutaba del ritmo marcado por la banda de música, se dirigieron a la iglesia, donde entraron cuando pasaban diez minutos de las ocho de la tarde para la celebración de las completes. Pero aún quedaba el plato fuerte, que llegó cuando a las 21.26 horas comenzó a sonar la música del Jaleo en Sa Plaça, el ritmo más esperado.