La Pastoral Penitenciaria recibió el premio en el patio del centro. | Javier Coll

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La colaboración y el interés hacia el centro penitenciario constituyen la «actitud real» adoptada por la sociedad menorquina ante una infraestructura que nació envuelta en polémica. Así lo señaló ayer el director de la prisión, Antonio Alcaide, durante el acto de celebración de la patrona, la Virgen de la Merced, en una zona exterior del recinto habilitada para acoger un sencillo homenaje tanto a los trabajadores como a los voluntarios que ayudan a presos y familiares.

Y es que la festividad fue también el momento de la entrega de la Medalla de Plata al Mérito Social a la Pastoral Penitenciaria de Menorca, por su labor en favor de la reinserción de los reclusos, el acompañamiento espiritual que presta a ellos y sus familiares, y la organización de múltiples actividades dentro de los muros de la prisión. Aunque el obispo Salvador Giménez asistió al acto, cedió el protagonismo a la hora de recoger el distintivo al sacerdote Berto Vidal, el delegado de la Pastoral Penitenciaria.