Amaya Michelena
Amaya Michelena

Jefa de sección (Domingo)

El rayo verde

Defensa

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España siempre ha sido un país divertido, tal vez eso es lo que nos ha salvado de morir deprimidos ante los intermitentes reveses que nos acechan. En cuanto ocurre una desgracia, las redes se llenan de memes ingeniosos que nos sacan la sonrisa, los asuntos peliagudos se transforman con sorna en las chirigotas más ocurrentes, el cine de ‘españoladas’ triunfa independientemente de la época, los chistes, el cachondeo… todo eso forma parte de la idiosincrasia patria. La chapuza, el escaqueo y el intentar dar gato por liebre, también. Señas de identidad indiscutibles. Ahora que Europa se ha puesto farruca y exige 800.000 millones de euros para reforzar la defensa continental, en los despachos de Madrid se hacen cábalas para intentar camelar a Bruselas. Como si en el norte pudieran tomarnos en serio alguna vez. El propio Pedro Sánchez dice que hablar de «rearme» suena feo, que mejor le pongamos un nombre más poético, capaz de engañar a los bobos que cree que somos. Él, más listo que otros, entiende que la semántica resuelve problemas y que los mandamases comunitarios van a tragar con sus trucos de chistera. Porque Europa habla de armas, sí, que son carísimas: 1.400 tanques, 2.000 vehículos de combate y 700 piezas de artillería para empezar a hacer frente a la supuesta amenaza que Rusia supone para sus vecinos. En España, acostumbrados desde tiempo inmemorial a hacer todas las trampas posibles, el gasto en Defensa se va, sobre todo, a personal. Y ahora Sánchez quiere subir sueldos para que contabilice como aumento del gasto militar. Y recurrir a la ingeniería presupuestaria para que muchos gastos de Sanidad, Cooperación y otros capítulos consten también como gasto de Defensa. A ver si cuela.