Asseguts a sa vorera
Morir sin estar muerto
Apura el cigarrillo con una calada larga y profunda. El brillo del pitillo le delata en un tramo de vía oscuro y olvidado. Enciende otro. Y otro más. Hace tiempo que venció al cáncer o cualquier enfermedad similar. Y si no lo hizo le da igual, "que venga", piensa, "la esperaré de pie y con los brazos abiertos". El pulso ya no le aguanta la batalla, tirita como un niño desprotegido y sus manos han perdido el color vivo que alguna vez tuvieron dejando paso a un amarillo repugnante, mezcla de tabaco, alcohol y heridas que no se curan con el tiempo. No sabe si tiene cuarenta y muchos o cincuenta y pocos. A estas alturas le da igual. Vive cada día como si fuera miércoles porque ni el martes, ni el jueves ni todos los demás le devolverán la ilusión por la vida.
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