Amarres. El turismo náutico busca tranquilidad, pero también lugares de ocio y una oferta complementaria de calidad

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"Las tarifas de los amarres las fija la ley de la oferta y la demanda. No somos nosotros, sino las empresas concesionarias" dijo hace unos meses el presidente de Autoridad Portuaria de Balears (APB), José María Urrutia, cuando se le preguntó el motivo por el que los precios de atraque en la rada mahonesa están considerados entre los más caros.

Al respecto, puso un ejemplo, y recordó que el canon anual mínimo fijado en el pliego de condiciones del concurso de concesión de amarres de la ribera norte del puerto de Maó, fue hace unos años de 200.000 euros, sin embargo, Ocibar, (que finalmente se hizo con la gestión), presentó una oferta a APB cercana al millón de euros, y otra empresa llegó incluso a superar esa cifra.

"El mercado es el que propone, ya que en el concurso, el criterio económico pesa un 25 por ciento del total de la valoración", dijo, eximiendo a la APB de cualquier intervención en los altos precios de los amares y añadió que, en todo caso, el ente gestor de la rada sí propone las tarifas máximas.

A lo largo de los últimos años el "Menorca" ha publicado comparativas facilitadas por entidades y asociaciones sobre el precio al que se paga un amarre en los puertos españoles, franceses e italianos en directa competencia con Maó por el turismo náutico. Muchos evidenciaban que la rada mahonesa estaba entre los destinos más caros del Mediterráneo y, pese a ello, la oferta de servicios es bastante inferior.

Ahora, otra comparativa realizada apenas hace unos días por el "Menorca" revela que las tarifas de Maó, no superan el precio por amarre de otros importantes enclaves turísticos en el Mediterráneo.

Comparativa

Así, un barco de 20 metros de eslora y cinco de manga pagaría en temporada alta (primera semana de agosto), por amarre diario en el puerto de Maó, unos 190 euros en la zona de Cala Llonga que gestiona Ocibar; 225 en Marina Estrella y 304 euros en los pantalanes de Trapsa, ambos en el Moll de Llevant. Sin embargo, si el mismo barco decide amarrar esos mismos días en Marina Botafoch, en Eivissa deberá abonar 368 euros y si lo hace en Ibiza Nueva, el propietario deberá desembolsar 700 euros diarios (con una rebaja de 50 euros la segunda jornada y de forma progresiva en función del período contratado).

Amarrar por tanto en Maó, parece no ser una opción cara. Incluso si ese mismo barco atraca en aguas extranjeras y recala en algunos puertos del sur de Francia, los precios de la rada mahonesa también están por debajo. En Port Leucate, en la zona de Languedoc-Rosellón, el amarre diario se paga a 289 euros.

En Sant Jean Cap Ferrat, entre Niza y Mónaco, el precio sube a 313 euros y en el Port La Napoule, en plena Costa Azul, la tarifa es de 313 euros. En el caso de los puertos italiano, amarrar en Maó también sale a cuenta según la comparativa.

En Marina di Capri, un barco de 20 metros de eslora y cinco de manga paga por amarrar al día 520 euros. En el Yacht Club Italiano, en Génova 312; en Marina Porto Lotti, en la Toscana, 283 euros y en Porto Rotondo, en Cerdeña 377 euros.

Esta comparativa demuestra, cuanto menos, que el puerto de Maó no está entre los más caros Sus tarifas están relativamente ajustadas y son similares a las existentes en otros puertos, pero lo que es evidente es que Maó está perdiendo puestos y ya no es un destino náutico atractivo.

La temporada pasada la Asociación de Instalaciones Náuticos Deportivas de Balears (ANADE) calculó en un 30 por ciento el descenso del tráfico en las marinas de Menorca respecto a 2010, especialmente entre las embarcaciones de menos de 15 metros de eslora. Este hecho provocó un descenso en la facturación cifrado en un 25 por ciento en relación al año anterior, en el que ya bajó otro 20 por ciento en relación a 2009.

Las causas de esta tendencia bajista según señaló entonces ANADE, no se encuentran en el precio, sino en la reducción de la temporada, y en el caso concreto del puerto de Maó, en una escasa oferta complementaria de calidad. ANADE podría haber puesto el dedo en la llaga.

El turismo náutico busca tranquilidad, pero también restaurantes, lugares de ocio y tiendas. Las infraestructuras no se han adecuado al crecimiento de la oferta náutica y las exigencias del sector.

Desde la comunidad portuaria algunas voces han advertido en reiteradas ocasiones que las autoridades de la Isla deberían tomar más en serio el cambio de modelo del puerto de Maó, que de un pasado eminentemente industrial y comercial, debería pasar ahora a explotar su vertiente más turística y deportiva, pero sin dejar de lado las actividades tradicionales y el cuidado del entorno.