Amaya Michelena
Amaya Michelena

Jefa de sección (Domingo)

El rayo verde

Stickers

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Recuerdo el problemazo que supuso que millones de parejitas enamoradas colgaran un candado en las barandillas de los puentes de todo el planeta siguiendo la moda ideada por Federico Moccia en una de sus novelas. Ahora, con menos peso e idéntico incordio, los gilipollas de turno dejan pegatinas adheridas a todo allá por donde pasan, especialmente en las señales de tráfico, como si estuvieran de adorno. El desaguisado es tal que organismos como Aena ya han optado por colocar lo que ridículamente llaman «stickers wall» (muro de pegatinas) con la idea de mantener a salvo su señalización. No sé si les funcionará porque está demostrado que el cerebro de una gran parte de la población sí está de adorno. Algo parecido a lo que llevaron a cabo ayuntamientos de todo el mundo para intentar librarse de las pintadas en las paredes de las ciudades: disponer kilómetros de muros para que los imbéciles que no tienen nada mejor que hacer pintarrajeen a gusto. Nunca ha funcionado, porque las medidas blandas tienden a ser tomadas por el pito de un sereno. Ahora es el Consell de Mallorca el que se enfrenta al dilema de las dichosas pegatinas en las señales de las carreteras de la Serra de Tramuntana, ese patrimonio universal que muchos consideran su patio de recreo. Dicen que son los miles de cicloturistas quienes se dedican a dejar un «sticker» cada vez que se paran a mear o a cagar en el arcén. Que además de dejarnos regalitos biológicos, nos regalan el plástico trasero de la pegatina para contaminar nuestra naturaleza. Las lumbreras del Consell estudian medidas. Yo, generosamente, les doy una idea: cerrar la Serra al cicloturismo. Que anden en bici en su país, bajo la lluvia, y dejen allí su mierda.