Oraciones
El avieso enemigo interior
Del enemigo interior se ha dicho todo, a menudo es el enemigo en sí, y no solo los manuales de psicología sino también los tratados de historia, estrategia militar y geopolítica, informan y avisan de este avieso enemigo, muy torcido, que lejos de estar fuera ya está dentro, y actuando. La prensa habla a menudo de él, ya para explicar la decadencia y hundimiento de algún partido político, casi siempre de izquierda, reventado y hecho pedazos por sus enemigos interiores, ya para informar de las tribulaciones de algún dirigente en lucha con sus enemigos internos, o dominado ya por ellos. Y ahora, por ejemplo, hace bastante tiempo que numerosos analistas vienen repitiendo que los males de Europa no proceden del exterior, ni de Rusia ni siquiera de Estados Unidos (cuyos propios enemigos interiores tomaron el poder y son los que mandan), sino que como suele pasar en estos casos, ya tenemos al enemigo dentro. Al menos eso es lo que yo vengo oyendo aquí y allá, y leyendo de voces autorizadas en los diarios por si no me hubiese dado cuenta hace años. Sin contar que en España, y en Europa, debido a nuestra negra historia, llevamos toda la vida hablando de ese tenaz enemigo, al que incluso se han dado diversos nombres. Y que de nuevo ataca y gana terreno con una desfachatez estadounidense. ¿Y qué quieren decir todos los que advierten que Europa ya tiene el enemigo dentro y no le hace falta buscarlo fuera? Pues eso precisamente, ni más ni menos. Que ojo con él, porque si nos rearmamos contra futuros enemigos aún imaginarios, que es en lo que estamos, y como parece probable y según el ejemplo norteamericano el avieso enemigo interior accede democráticamente al poder, se encontraría de rebote muy rearmado. El eterno problema, eso de enemigo interior al que siempre rearmamos sin querer. Normal que en todos los tiempos y en todas partes, todos los líderes y partidos políticos prefieran enemigos exteriores, extranjeros, bárbaros improbables. Porque con el que ya está dentro no hay manera. Es el que nos jode. Ciertamente, no tengo solución para esto (me pasa muchísimo, no soy psicólogo), pero al menos habría que tener cuidado de no rearmarlo más. Es un mal enemigo, muy avieso.
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