Miguel Juan Urbano
Miguel Juan Urbano

Redactor jefe de Sucesos en el diario Menorca

Adiós a las armas

«No la vuelvo a alquilar»

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A la propietaria de una casa en la calle S’Arraval, de Maó, se le han aclarado las ideas después de su primera experiencia en el alquiler del inmueble. Lo ha tenido rentado apenas un mes y medio con un saldo negativo de más de 2.000 euros. No piensa volver a ponerlo en el mercado.
El inquilino observó una actitud displicente desde que entró en la vivienda y la sucesión de desencuentros con la dueña culminó sorprendentemente con el impago de la primera mensualidad que debía abonar, la de marzo. La mujer había gestionado el alquiler a través de una inmobiliaria con el propósito de evitar problemas por lo que su desencanto ha sido completo.

Con la finca todavía hipotecada y un hijo con discapacidad, la reacción de la señora resultó tan fulgurante como costosa pero efectiva. Consciente de la legislación que protege más al inquilino que al propietario, recurrió a una empresa ‘persuasiva’, especializada en desokupación para echar al arrendatario. En una semana ha conseguido el desalojo del inmueble.

Entre el pago a Fuera Okupas, a la inmobiliaria y el coste de los electrodomésticos que ha tenido que reponer, la frustrada operación no ha podido resultarle más gravosa, además del estrés al que se ha visto sometida durante varias semanas.

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Habrá quien estime desmesurada la radical medida adoptada por la dueña para deshacerse del moroso, ajustándose a derecho, puesto que ha rescindido el contrato por el impago de la renta.

Disponía del depósito y de los dos meses de fianza, pero sabía que se enfrentaba a un proceso judicial que le mantendría la casa ocupada durante un año o dos con la perspectiva de no volver a cobrar un euro.

A la vista de lo sucedido, la mujer ha decidido no volver a alquilar su propiedad en lo sucesivo. No es de extrañar considerando que ella ha tenido que resolver un problema que no sabe atajar la administración.