Crítica es libertad

Menorca ya no es endogámica

TW

Directo al grano: cualquier menorquín que salga a la calle y escuche y vea a sus vecinos sabe que Menorca ya no es lo que era. La realidad social ha cambiado, quiérase o no. Pasó el tiempo de los isleños ‘con ocho apellidos menorquines’. La nueva realidad económica de la isla lo ha cambiado todo. La pérdida o el debilitamiento de las tradiciones industriales manufactureras, la marcha al exterior de nuestros jóvenes mejor preparados, la inmigración    y el nuevo y masivo abrazo al turismo han promovido un cambio social radical en la Isla.   

Hagamos historia. Quienes tenemos suficiente edad para comparar (esa deferencia que nos conceden los años), recordamos cómo era la Isla en tiempos de nuestra infancia, adolescencia o juventud, y cómo es ahora. Antes, in the good old times, todos los menorquines se casaban normalmente con menorquinas. Y a la inversa, claro. No había demasiadas opciones más (a excepción de aquellas monjitas que huyeron de Santa Clara enamoradas de oficiales británicos o del oficial inglés que se enamoró de una mahonesa dedicándole una tierna balada, etc.). Casarse entre menorquines autóctonos no era malo, solo endogámico. En esos tiempos solo un hombre (o una mujer) podía ‘comprar enamoramiento’ en el mercado doméstico, un auténtico ‘mercado de proximidad’.

Un importante y novedoso ‘injerto social’ lo protagonizaron ya los militares de toda graduación que, acabado el siglo XVIII, eran destinados a nuestra isla y se casaban con chicas menorquinas. En Mahón y en Es Castell son infinidad los descendientes de aquellas uniones, solo hay que ver los apellidos que se han ido heredando de generación en generación.

Pero el cambio efectivo comenzó en los años sesenta con la llegada de los primeros turistas de serie junto a toda su cohorte de servidores. Así fue como comenzaron a llegar europeos de otras nacionalidades, especialmente ingleses junto a los primeros inmigrantes de zonas subdesarrolladas. Incluso también llegó un pueblo casi entero (Jabalquinto). Y ya no se pudo remediar: la rueda de la atracción comenzó a ligar locales con los new comers y así se fueron formaron nuevas familias mixtas con creencias, costumbres y, también, lenguas diversas.   

A finales del siglo XX sucedió que los matrimonios con extranjeros o forasters ya no eran la excepción sino que se habían convertido en una nueva normalidad. La clásica endogamia de la Isla, que alguna alta clase social había convertido incluso en característica particular, comenzó a pasar a mejor vida.

Los últimos decenios han sido testigos de otros fenómenos demográficos interesantes. Una ingente inmigración de personas procedentes de Sudamérica así como del norte de África, y con menor incidencia las que proceden de otras partes del continente negro, han dado un nuevo aire a la Isla.

Las actitudes y reacciones ante este nuevo fenómeno social son variadas según las visiones personales que cada uno tenga de la cuestión. Pero las aportaciones a la sociedad isleña de estos nuevos menorquines son importantes. El cuidado a la tercera edad y el acompañamiento social está prácticamente copado por estos nuevos ciudadanos menorquines. Igual que ya comienza a ser difícil encontrar a una familia actual que no tenga miembros nacidos en otros lugares del mundo, también lo es que innumerables familias necesiten a estas personas para cuidar a los suyos. En otras capacidades laborales, y como ejemplos puntuales, también vemos a auxiliares de farmacia que atienden al público vistiendo el pañuelo musulmán o a empleadas municipales que proceden de estos mismos países. ¿No son muestras de integración?

Menorca es hoy una isla mestiza, un Melting Pot imposible de ocultar ni de ignorar. Y eso exige una nueva visión de la realidad que puede gustar o no a quienes creen en la pureza de las cosas o en el beneficio de la endogamia (sea racial o cultural) pero es la que es. No se puede    pretender acomodar la sociedad de hoy a normas y marcos mentales de hace medio siglo. De cualquier forma, créase lo que se crea, lo único cierto es que Menorca ha dejado de ser endogámica.   

Notas:

Noticias relacionadas

Escuchado en el Pleno Municipal de Mahón del 27 de Marzo:

1- «El 2005 (quan se va eliminar es nom de Mahón des topònim oficial) s’ajuntament va fer mal a    molta gent. Vint anys més tard sa protesta no decau. És hora ja de rectificar i aclarir aquella errada»    (J.J. Gomila Félix).

2- «No venim a restar sinó a sumar. Mos hem de convidar a conviure. Un nom bilingüe és positiu». (Luis Alejandre).

3- «No se atendió al preceptivo informe de la RAHE. Lo consideramos alegal». El Sr. Airós (PP) estuvo brillante.

4- El concejal de Ara Maó Sr. Bonnin tuvo una intervención tendenciosa y provocó al público no llamando menorquín a nuestra lengua. Cosechó una ruidosa y masiva protesta de los asistentes.

5- Los intentos del alcalde presentándose como moderado    y ‘centrado’ no cuajaron. No se trata de realizar algún gesto esporádico de cariz voluntarista / oportunista sino de usar el nombre de Mahón de forma oficial con toda normalidad en carreteras, carteles, impresos oficiales, mapas, anuncios, etc. Debe estar inscrito en el Registro de topónimos del Ministerio del Interior.

6- «¿Por qué no se ha cambiado el nombre de Campos (Mallorca)? Porque la gente no lo ha querido». (X. Cardona)

7- Referido al juicio a celebrar el 11 de Abril 26: «Veurem què diu es jutge i ho acatarem» (Héctor Pons).

8- Próxima estación: el Parlamento balear. Objetivo: Modificación puntual de la Ley de Normalización Lingüística. Es anormal (¿y anticonstitucional?) que los topónimos en español estén prohibidos, en Balears, España. No hay excusas para la mayoría PP-Vox.