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Este fin de semana, limpiamos y ordenamos el garaje de casa. Cuando mueves cajas y muebles de un garaje, puedes encontrarte cualquier cosa: las escrituras de compraventa de una casa que ya no existe, el boletín de notas de cuando tenías once años, una dedicatoria en un punto de lectura de alguien que aseguraba que nunca te olvidaría y cuyo nombre no significa nada para ti, el cadáver de una cucaracha, incluso tres poemas que escribiste un cuarto de siglo atrás y que no encontraron libro donde quedarse a vivir. Suspendes tus tareas de limpieza y lees los poemas. Te suenan ajenos, como si los hubiese escrito otra persona.

¿Cuántas vidas caben en una vida? Hay uno que se titula «Sobre el futuro». Tú ahora estás ahí, en el futuro de aquel joven que tanto creía saber. De pronto tomas conciencia de que tu presente será el pasado de alguien que no eres tú pero que acabarás siendo. ¿Qué objeto perdido sabrá conectar tu presente de entonces con este que ahora vives? El tiempo es infinito y circular hasta que todo acaba. El primer verso del poema dice: «Porque elegir es siempre equivocarse». Tantas equivocaciones después, rodeado de cajas de cartón y carpetas polvorientas, sientes que no lo hiciste mal del todo.