Soluciones mágicas

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La Unión Europea, en su infinita sabiduría, nos propone un kit de supervivencia para afrontar cualquier eventualidad. Es un paquete con herramientas, instrucciones y un par de aspirinas porque nos toca cambiar el chip. Ahora somos los responsables de todo lo malo que sucede. Sin embargo, la UE, que lleva tiempo en una especie de letargo burocrático, nos ofrece la solución: cambiar la mentalidad. Nada de reformas estructurales, nada de soluciones reales, solo un buen set de supervivencia para afrontar las estrambóticas locuras de unos cuantos psicópatas. ¿Y la paz, un concepto que se menciona en los discursos? Pues ha quedado atrás, igual que los derechos sociales o las promesas de igualdad. La UE, que suele pecar de falta de empatía, no entiende que a veces la supervivencia no se trata de kits ni de mentalidades nuevas, sino de justicia real, de equidad, de que las personas dejen de ser mercancía en un mercado global. Para ellos, lo importante únicamente es la actitud. Modifica tu modo de pensar y estarás preparado para los duros tiempos que se avecinan. Mientras tanto, el sistema sigue adelante, arrasando con lo poco que queda de las promesas de bienestar social. La UE, siempre un paso atrás, esperando que el cambio lo hagan otros mientras se enfangan en su océano de normativas y recomendaciones vacías. En vez de reformas profundas, se conforman con una suerte de soluciones mágicas. Y, claro, en todo este proceso de despropósitos, el ciudadano continúa a merced de los mercados, de las políticas globales que parecen más una competición que una estrategia de paz. Los que están en el poder lo saben demasiado bien: el que manda no necesita cambiar, solo que los demás se adapten a lo que ya está establecido por decreto ley.