Incluidas las autoridades, todos hemos estado fiados que en vez de que la covid nos mantenga confinados, seamos los humanos los que confinemos al «bicho», un patógeno del que ni siquiera sabemos cómo apareció por este valle de lágrimas donde sobrevivimos sino aterrorizados, sí asustados. Ya no confiamos que sea el calor el que anule el poder de propagación y sus letales consecuencias. Estudiosos a medio camino entre el saber y la ignorancia, habían afirmado a principio de la pandemia que con la llegada del calor el coronavirus se retiraría a sus cuarteles de invierno sin venir a caer en la cuenta que Brasil, por ejemplo, en cuanto a calor, es la sucursal de Pedro Botero. Oráculos de tres al cuarto, verdades de todo a cien. Aquí estamos en pleno agosto con los pardales debajo de los árboles con el pico abierto, asándose ante uno de los agostos más secos y más calurosos de lo que va de siglo.
Així mateix
Siempre es posible encontrar un idiota peligroso
21/08/20 0:59
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