Les coses senzilles
Espantamoscas
Me topé el otro día con las crónicas de toros de los Sanfermines. Dijeron que un torero había triunfado por todo lo alto, tanto es así que le dieron las dos orejas y el rabo. Menudo trofeo, pensé. Ya podrían darle algo más duradero, o algo más de chicha, porque, ¿quién pone en la vitrina orejas y rabos, aunque estén embalsamados? Y si se trata de cocinarlos, ya entiendo que el rabo de toro es un plato típico de algunas latitudes, pero creo que la oreja que se come es mayormente la oreja de cerdo. Por cierto, cuando el toro trabaja bien en la plaza, me he fijado en que nunca le dan la oreja del torero, y mucho menos el rabo. Esto me recuerda el chiste del torero mallorquín a quien sacaron a hombros después de una faena magistral. Se quejaba porque le tenían pinzada salva sea la parte y decía: «Me teniu per un covó!» A lo que le dijeron: «Per un gran torero te tenim!»
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