Supervan Family
¡Parque!
Esta expresión es el grito de mi pequeño cada vez que doblamos la esquina y ve un parque público. Le encanta. A qué niño no le gusta. La cosa está que como madre me hace sentir incómoda ver adolescentes ocupando estos parques sin hacer más nada que estar allí con sus cuerpos sedentarios, y mirada en el móvil o en el compañero mientras fuman. Y cuando te abres paso a un tobogán o un balancín te miran como diciendo «ya está la mamá de turno con el crio de turno», y yo les miro pensando «no hay más lugar que el parque de un niño. Chaval imaginación». El día de después muchas veces el parque queda con restos del ayer, mondas de pipas, colillas, y algún botellín... Es evidente que falta educación. Considero que los padres en esta cuestión jugamos un papel muy importe. Cuando tengan la edad de la adolescencia, ya les diré que busquen otros sitios donde quedar a hablar o contarse sus inquietudes. Pero que el parque infantil debe de ser sagrado.
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