Asseguts a sa vorera
Narices entrenadas
Este país es de pandereta. Lo sabemos tú, yo y todo aquel que nos rodea. Sucede, además, que a veces evoluciona, como si fuera un Pokemon.
Este país es de pandereta. Lo sabemos tú, yo y todo aquel que nos rodea. Sucede, además, que a veces evoluciona, como si fuera un Pokemon, y en lugar de marcarnos un solo con un único instrumento, nos agenciamos la comparsa entera. Como pasa en Madrid, donde por orden del Ayuntamiento y ante la falta de alcoholímetros, obliga a sus policías municipales desde noviembre de 2012 que en los botellones que detecte compruebe a través de sus sentidos, excepto el gusto, si los vasos que incautan contiene alcohol y, además, qué clase y qué marca. Para que nos entendamos, el Consistorio obliga a los agentes a coger cualquier vaso que sostenga ilegalmente un chaval, meterle la napia, pegar ensumada y a identificar qué veneno atonta las neuronas a la muchedumbre hoy en día.
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