Crónicas inusitadas
Ni buenos ni malos
Sábado por la mañana. Sant Lluís está a punto de iniciar los actos principales de sus fiestas. Tras hacer unas compras me siento en un banco y observo con curiosidad el ir y venir de la gente deseosa de que la qualcada eche a andar. Entonces veo que se dirigen hacia mí dos jóvenes de veintitantos años. No llevan camisa, pelo rapado y algún tatuaje.
Inconscientemente me prevengo. Uno de ellos se acerca y me dice: "Por favor, ¿tiene fuego?". Le presto el mechero y me lo devuelve al tiempo que dice: "Muchas gracias y buenas fiestas". De alguna manera me siento culpable del juicio previo al que les había sometido. Horas más tarde, estoy disfrutando de cómo un amigo cavaller se prepara para incorporarse al "replec". Entonces, se acerca un hombre entrado en años, vestido con ropa clásica, con signos evidentes de haberse tomado una copa de más y empieza a molestar al jinete y caballo. Intervengo y me suelta algún que otro improperio.
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