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Vaya por delante que jamás he creído a un pitoniso. Partiendo de dicha premisa ya pueden ustedes calcular la credibilidad que concedo a mi propia predicción. Pero como ya llevamos un tiempo divagando por escenarios políticos futuribles, y ajustándome a una realidad que no me gusta, siento la tentación de jugar a ese juego nacional para aventurar ante ustedes que si algún partido político no da antes su brazo a torcer, visto lo visto y escuchado lo escuchado, solo cabe racionalmente una salida política que permita de alguna forma a todos ellos mantenerse más o menos en sus trece y, sin embargo, tener un gobierno en España.

Una salida que no creo guste a ninguno y donde todos pierden, pero que puede ponerlos de acuerdo ante su impotencia y esa voluntad manifestada de no ir a unas terceras elecciones. Lo deduzco teniendo en cuenta esa extraña ambigüedad esgrimida por el PSOE, consecuencia de los vetos propios y ajenos que hay sobre la mesa, y que iría en la dirección de una investidura y un gobierno en solitario del PP, consensuando para ello la abstención conjunta con Ciudadanos.

Es decir permitir un gobierno muy débil, sin apoyos, cautivo, con caducidad prematura que escenifique día sí día también su incapacidad y su desgaste. Hasta que llegado el momento oportuno los partidos de la oposición planteen en el Congreso una moción de censura que conlleve con toda la seguridad matemática, un nuevo gobierno. Todo ello es muy posible si como he dicho antes, nadie da su brazo a torcer. Y si eso ocurriera, habrá que ver cuál de los partidos ha cedido para volver a mirar la bola de cristal… y si no ocurriera ni todo lo anterior tampoco, vayan preparando una urna para el Belén.

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o deduzco teniendo en cuenta esa extraña ambigüedad esgrimida por el PSOE, consecuencia de los vetos propios y ajenos que hay sobre la mesa, y que iría en la dirección de una investidura y un gobierno en solitario del PP, consensuando para ello la abstención conjunta con Ciudadanos. Es decir permitir un gobierno muy débil, sin apoyos, cautivo, con caducidad prematura que escenifique día sí día también su incapacidad y su desgaste. Hasta que llegado el momento oportuno los partidos de la oposición planteen en el Congreso una moción de censura que conlleve con toda la seguridad matemática, un nuevo gobierno. Todo ello es muy posible si como he dicho antes, nadie da su brazo a torcer. Y si eso ocurriera, habrá que ver cuál de los partidos ha cedido para volver a mirar la bola de cristal… y si no ocurriera ni todo lo anterior tampoco, vayan preparando una urna para el Belén.