Cada agente guarda su arma en un armero individual dentro de un armario. | Josep Bagur Gomila

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El brutal atraco a los propietarios de la floristería Truvi o el asesinato de un conocido empresario local en plena calle en 2009 y 2013, respectivamente, quizás hoy podían haber tenido otra respuesta de la Policía Local de Ferreries. Y es que los doce agentes que comanda el oficial en jefe, Simón Bosch, cuentan desde hace una semana con un nuevo elemento en su equipamiento personal, disponen de un arma reglamentaria, la pistola PHK 30, adquirida a la empresa USP (Uniformidad y Suministros de Protección), de Madrid, que les acompaña sujeta a su cintura en todos los servicios que realizan.

El cuerpo policial ferreriense ha visto atendida, por fin, una demanda a los sucesivos gobiernos municipales de hace más de quince años. Hasta ahora se había mantenido, prácticamente, como la única policía local de Balears que velaba por la seguridad del municipio sin arma.

No es Ferreries un municipio conflictivo ni peligroso como tampoco lo son los del resto de la Isla, pero la disponibilidad de una pistola, con 15 balas de 9 milímetros en su cargador, no deja de ser una garantía persuasoria y de protección que, en todo caso, ninguno de los agentes espera tener que utilizar. «El uso debe ser proporcional al peligro, es decir, si hay una amenaza con otra arma, o un apuñalamiento, por ejemplo», explica el oficial jefe.

Instrucción

Los agentes tuvieron que superar un test psicológico que les capacita para la disponibilidad del arma, realizado por el psicólogo especialista Fernando Pérez Pacho. Posteriormente recibieron instrucciones de ejercicios en seco, es decir, cómo montarla y desmontarla, a los que siguieron las prácticas de tiro en el campo del Club Tiro Olímpico Ciutadella, a repetir dos veces al año, según marca la normativa.

Ignasi Camps, jefe de la Policía Local de Ciutadella, instruyó a los agentes de Ferreries sobre cuestiones administrativas y legales en torno a las consecuencias del uso de las armas y las situaciones en las que es más aconsejable desenfundarlas.

El periodo de instrucción se completará el próximo 2 de octubre con una charla a cargo de Pérez Pacho sobre las secuelas emocionales de la utilización.

Según algunas de las explicaciones que han recibido los doce agentes hasta el momento, como subraya el jefe Simón Bosch, «a veces hay más problemas por no haberla usado pensando en las consecuencias que puede tener sacarla, que por haberla utilizado».