Vasallo. Presenta una obra en homenaje a todos los magníficos otoños que ha pasado en la Isla - D.V.

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Diego Vasallo (Donostia-San Sebastián, 1966) es la amabilidad personificada. De palabra serena y atractivo discurso, quien pregunta calla para atisbar qué mueve al creador a experimentar diferentes lenguajes artísticos.

Lejos de la fama que le dio subirse a un escenario junto a Mikel Erentxun, la pintura es su refugio desde principios de 2000. Disciplina que retomó cuando Duncan Dhu se separó. "En realidad siempre pensé que mi verdadera vocación era pintar, ya lo hacía de niño pero luego la música se cruzó en mi camino....", señala.

Este viernes inaugura en Artara su primera exposición individual en Menorca. En la galería de Maó presenta "Tardor", una veintena de cuadros en homenaje -dice- a "todos los magníficos otoños que he pasado en la isla".

¿Cuánto ha contaminado su música a su obra pictórica?
Creo que ambas se contaminan mutuamente porque las dos forman parte de un mismo discurso. En cada una de ellas se pueden contemplar partes de mi mismo y de mi forma de ver las cosas.

Dice que de niño ya pintaba.
Sí, era el típico crío que siempre estaba dibujando y pintando. Ya entonces era evidente que me iba a dedicar a algo relacionado con las artes plásticas. Comenzar a tocar fue una casualidad.

¿Se lanzó al mundo de la pintura en una época en que quizá pasaba por una fase de agotamiento musical?
En parte sí. Abandoné la pintura de joven para dedicarme casi exclusivamente a tocar. Pero después de 17 años con Duncan Dhu llegó un momento en que tanto Mikel como yo estábamos cansados. Nuestro último disco se editó en 2001 y fue por aquella época cuando volví a retomar la pintura. A partir de entonces decidí tomármelo más en serio.

¿Qué diferencia hay en cómo afronta uno y otro proceso creativo? El de la pintura y el de la música.
El primer impulso creativo siempre surge del interior de uno mismo, pero una vez que empiezas a desarrollarlo los caminos se bifurcan y se acaban separando puesto que los procesos de trabajo son totalmente diferentes. La pintura es un oficio muy solitario, donde notas los progresos muy lentamente. En cambio la música tiene un primer estadio compositivo que uno realiza a solas, pero que luego se convierte en colectivo porque pasas a trabajar con más músicos, productores y sales a un escenario a tocar.

¿Y el nexo común?
Todo responde a la misma meta de crear una dimensión diferente a la que vivimos. Es algo que caracteriza a todas las artes.

Su evolución pictórica se ha abierto camino hacia la abstracción, pero comenzó de manera figurativa.
Es cierto. Al principio casi dibujaba más que pintaba. Y sobre todo dibujaba figura, retrato, ilustración... También me influía mucho el mundo del cómic. La pintura es un proceso muy largo en el que la obra se va haciendo a si misma. Es precisamente la propia obra la que va cambiando, casi sin que tú lo anticipes.

También ha abandonado el color.
Sí, comencé con una paleta más amplia y poco a poco el color ha ido desapareciendo. Mis cuadros se reducen ahora a grises, negros, ocres... No me considero un pintor del color, no es una de mis prioridades. Me interesan más otros factores como la textura, las líneas, la mancha o incluso la escritura. Me gustan mucho las caligrafías orientales. Todo ello es más mi terreno que el de expresarme a través de los colores. Puede que en el proceso hayan tenido mucho que ver las tonalidades más matizadas que hay en mi tierra, Euskadi.

Suele decirse que influye mucho el lugar donde trabaja el artista. En Menorca todos apuntan a la especialidad de su luz.
Sí, es especial. Y quiero pensar que hay algo de la isla en mis pinturas. De hecho en el caso de la muestra de Artara, la mayor parte de las obras están hechas en mi pequeño estudio de Menorca. Pienso que comienzan a diferenciarse de las pinturas que hacía en San Sebastián. El sitio en el que trabajas siempre se cuela por alguna parte y acaba por aparecer.

¿Pasa muchas temporadas en la isla?
Suelo visitarla unos meses al año, vengo en cuanto puedo. Mi idea es pasar cada vez más tiempo.

Hace mucho que la descubrió.
Sí, hace más de 20 años. Y hace unos 10 que vengo de manera asidua. Cuando la visité por primera vez de joven me fascinó.

¿Siente ilusión por inaugurar aquí su primera individual?
Sí, mucha. Con anterioridad había participado en Artara en alguna que otra colectiva, así que ya me apetecía hacer una individual. La obra que presento es de los últimos dos años y el ochenta por ciento la pinté en la isla.

En cuanto a materiales ¿es experimental?
Soy experimental y al mismo tiempo artesanal. Utilizo materiales muy clásicos: pigmentos mezclados con aceite o látex. Me fabrico yo mismo las pinturas. Así consigo una textura especial que no te dan las pinturas más industriales. También uso grafito, tinta, plumilla e incluso trozos de fotos o recortes de prensa, tipo collage.

¿Qué autor o corriente cree que ha influido en su producción?
En mis comienzos me marcó mucho todo el expresionismo abstracto americano, el informalismo europeo y el español, como por ejemplo el grupo El Paso. Antonio Saura, Manolo Millares, Pollock, Kline... Con el tiempo he echado la vista aun más hacia atrás y ahora también me interesan los impresionistas o postimpresionistas como Toulouse-Lautrec, Degas, Manet ...

Menorca le inspira. Aquí también ha grabado un par de discos.
La isla para mí es una fuente constante de inspiración porque es uno de los lugares en los que paso mucho tiempo y a los que quiero. Donosti es mi tierra, y Menorca mi segunda casa. Algo que también me ha influido es mi descubrimiento del repertorio de música tradicional menorquina como el tema "Plora guitarra" de Ortega Monasterio, del que hemos hecho una versión para el nuevo disco de Duncan Dhu, "El duelo". Es una canción que años atrás, en mis conciertos en clubes, ya la incluía en mi repertorio.

Es obvio que debe haber sido un asiduo de "Es Cau", en Es Castell.
Sí, allí fue donde descubrí todas estas canciones.

¿Por qué ha vuelto Duncan Dhu?
El proyecto se fue terciando poco a poco. Al principio se habló de hacer una pequeña gira en América porque habíamos tocado muy poco allí y era una especie de deuda pendiente. La compañía americana quería sacar un recopilatorio e incluir un par de temas nuevos, así que comenzamos a componer. Nos animamos, continuamos y la cosa fue a más. Al final, además de esta gira que dará comienzo el 7 de octubre en México D.F., haremos un extenso programa de conciertos en España. De forma paralela al nuevo disco, también se ha editado un recopilatorio con nuestros principales éxitos. Se titula "1". Asimismo se ha lanzado una edición especial que incluye el álbum nuevo, el recopilatorio y un DVD con conciertos y videoclips.

¿Es un retorno que da vértigo?
Un poco sí, porque Duncan Dhu ya posee una trayectoria que puede verse perjudicada por dar cualquier paso en falso. En ese aspecto hay bastante responsabilidad para que las cosas salgan bien, con calidad y con cariño.

Es una pena que Menorca no se incluya en la gira.
Pues sí. Mikel y yo estaríamos encantados, pero son factores que ya no dependen de nosotros. Esta gira está pensada para auditorios de aforo medio y la verdad es que actuar en el Teatre Principal de Maó sería ideal.

Usted es una de aquellas personas que pese a su condición de personaje público pasa desapercibido en la isla.
Sí, esa es una de las grandes cosas que tiene Menorca. Los que nos dedicamos a un trabajo de cara al público agradecemos mucho llegar a la isla y poder vivirla de una manera tan privada y relajada. Es algo que valoro muchísimo.

¿Se imagina una jubilación en Menorca?
Sí, lo he pensado cientos de veces. La isla es un sitio donde me encantaría retirarme. Mi idea por ahora es pasar aquí más temporadas.

Mikel Erentxun bromeaba hace unos días con el hecho de que tocarán "Cien Gaviotas" al final del repertorio para que la gente se quede a todo el concierto. ¿Es una canción que todavía les 'pesa'?
(Ríe). Bueno, espero que la gente se quede a todo el concierto. Sí, es un tema que pesa, pero al mismo tiempo es un orgullo tener una canción que forma parte de la cultura popular musical. Le tengo mucho cariño a "Cien Gaviotas". La escribí cuando sólo tenía 19 años. Puede decirse que ha envejecido bien.