Manota. La menorquina junto a sus hijas, durante las pasadas vacaciones en Menorca - JAVIER

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Buscaba un cambio que la llevó hasta Londres y, lo que debían ser seis meses en la capital británica, se han convertido en 16 años. Jenny Manota (Maó, 1972) dejó la Isla para instalarse en casa de su prima, que alquilaba habitaciones a otros jóvenes. Entre ellos estaba Aaron, un neozelandés cuya intención era recorrer Europa. No tuvo oportunidad de viajar demasiado, el amor lo ancló a Londres. Manota trabajó durante unos años como dependienta en diversos establecimientos hasta que, a finales de 1998, nació su primera hija, Sofía, y decidió dedicarse a su familia.

Con la llegada de Kate, la benjamina, la mahonesa optó por volver a estudiar y consiguió licenciarse en Criminología. En un primer momento trabajó como oficial de soporte comunitario para la Policía Metropolitana de Londres y, a día de hoy, ejerce como oficial de detenciones. No obstante, Manota ha aprobado recientemente las pruebas de agente de la Policía y pronto vestirá el uniforme oficial.

¿Qué la empujó a dejar atrás Menorca?

Tenía 23 años cuando me fui de la Isla por primera vez. Había dejado de estudiar y trabajaba durante la temporada turística en la empresa de alquiler de coches Betacar. Además, un familiar había fallecido y necesitaba un cambio. Tenía algo de dinero ahorrado así que en octubre de 1995 me fui a Londres.

¿Dónde se instaló?
En la zona de Finsbury Park, al norte de la capital británica. Me fui a vivir con mi prima que tenía una casa muy grande y alquilaba habitaciones. Había mucha gente joven y era muy divertido.

¿Supongo que dominaba el idioma antes de marchar a Londres?
Sí. Mi madre es inglesa, de un pequeño pueblo muy cercano a Brighton, y siempre he tenido mucho contacto con mi familia materna. Ella vino a Menorca durante un verano de principios de los años 70 y encontró trabajo en un hotel de S'Algar. Por las tardes iba a tomar el café al Hostal Xoroi, en Alcalfar. Mi padre, que aunque es originario de Huelva llegó a la Isla de muy pequeño, trabajaba allí y por eso se conocieron. En casa siempre hemos hablado inglés con mi madre y castellano con mi padre. El menorquín lo aprendí en la escuela pero, desgraciadamente, nunca lo he hablado mucho.

¿Le resultó fácil adaptarse al tener raíces británicas?
La verdad es que no mucho. Hacía muy mal tiempo y siempre llovía. Eso me resultó muy duro en un primer momento. De todas maneras, he de decir que las personas con las que vivía siempre se portaron muy bien conmigo y me ayudaron en todo lo posible. Por el contrario, no me resultó complicado habituarme a las costumbres británicas porque mi madre siempre había mantenido el hábito de comer y cenar en horario inglés. A pesar de estar en Menorca, nosotros cenábamos a las 19 horas.

¿Encontró trabajo en Londres?
Sí. Tenía experiencia en Betacar y encontré trabajo en la empresa de alquiler de coches Europcar. Estaba en las oficinas de Heathrow, el aeropuerto con mayor tráfico internacional por volumen de pasajeros de Europa. ¡Había muchísimo trabajo! Allí estuve dos años hasta que decidí dejarlo para hacer otras cosas. Volví seis meses a Menorca, durante el verano de 1997. ¡Fue como un descanso de Londres!

¿Volvió?
Sí. Al acabar el verano volví a casa de mi prima y fue entonces cuando conocí al que hoy es mi marido, Aaron. Él es neozelandés, y, en concreto, de Christchurch, la ciudad más afectada por el terremoto que el pasado mes de febrero azotó la Isla sur de Nueva Zelanda. Aaron también se alojaba en casa de mi prima. Estaba en Londres con un visado de dos años y su intención era trabajar y conocer Europa.

¿Usted también volvió a trabajar?
Sí. Durante esa época trabajé como dependienta en un tienda de bodas, en una bombonería y en un museo. Me apunté a una empresa de trabajo temporal y me iban llamando de vez en cuando. Finalmente encontré un trabajo fijo en una tienda de ropa y de artículos de pesca en el barrio de Mayfair, una zona de alto standing en el centro de Londres.

¿Una tienda de pesca en Londres?
En Londres hay mucha gente aficionada a la pesca con mosca en ríos y lagos. A la tienda llegaron a venir algunos políticos que por entonces eran ministros del Gobierno británico y, según me contaron, la Reina Madre de Inglaterra, también era clienta, le gustaba mucho la pesca. Estuve trabajando allí hasta que me quedé embarazada de mi hija mayor.

¿Cuándo nació Sofía?
A finales de 1998. Cuando ella tenía siete meses, Aaron y yo nos casamos en el Ayuntamiento de Maó. Menorca está tan lejos de Nueva Zelanda que a la ceremonia tan sólo pudieron asistir sus padres. Yo no visité su país hasta 2003, cuando fuimos con las niñas. La verdad es que es un sitio precioso, nos encantó. No podemos ir mucho porque el viaje es muy caro pero tenemos contacto con la familia de mi marido a través de internet.

¿Dónde se establecieron?
En un barrio del sur de Londres, cerca de Croydon, en el distrito de Cristal Palace. Nos compramos una casa en una zona residencial y todavía estamos allí. Después de casarnos dejé de trabajar durante una temporada para dedicarme a mis hijas. Las guarderías en Londres son muy caras y me salía más a cuenta quedarme en casa.

¿Cuándo decidió volver a estudiar?
Mi hija pequeña tenía seis semanas cuando empecé a ir a clases por la noche. Había decidido que no quería volver a trabajar en tiendas y, por ello, me saqué los A-Levels de Química, Biología y Lengua y Literatura inglesa, que sería el equivalente al bachillerato español. Mi marido es ebanista y cuando volvía de trabajar, él se quedaba con las niñas y yo me iba a clase durante tres horas.

¿Le costó mucho retomar los estudios?
Sí. Fue difícil. Me costaron especialmente las asignaturas de ciencias porque, al haber dejado el instituto en 2º de BUP, no tenía la base necesaria. ¡Tuve que estudiar mucho! Curiosamente, dos años después decidí matricularme en la universidad para estudiar una carrera de ciencias.

¿Por qué opción se decantó?
Me decanté por estudiar Criminología que, de alguna manera, se asemeja al trabajo que hacen los protagonistas de la serie "C.S.I": analizar huellas, muestras de sangre, pelo, ADN, etcétera. Estudié en la Universidad London Southbank University desde el año 2005 hasta el 2008.

¿Podía compaginar sus estudios con la vida familiar?
Sí. Yo iba a clase por las mañanas mientras las niñas estaban en el colegio. Además, hay que decir que mi marido me ayudó muchísimo.

¿Cuándo entró a formar parte de la Policía Metropolitana de Londres?
Mientras estudiaba me apunté a un programa de voluntariado en la Policía Metropolitana de Londres. Me entrevistaron y me aceptaron. Al parecer, el hecho de que hablara castellano fue una ventaja porque en la capital británica hay muchos sudamericanos. Empecé a trabajar en la recepción de una comisaría de Policía del sur de Londres. Gracias a esta experiencia conseguí un contrato una vez finalizada la carrera.

¿Siguió trabajando en la misma comisaría?
No, me trasladaron a Westminster, en el centro de Londres. Había hecho el examen teórico y práctico para entrar en la Policía pero suspendí por muy poco. Me ofrecieron entrar a formar parte de la Policía Metropolitana como oficial de soporte comunitario.

¿De qué se trata exactamente?
Los oficiales de soporte comunitario no tienen los poderes de los agentes de policía pero llevan un uniforme muy similar y pueden patrullar. En un primer momento me dediqué a patrullar junto a mis compañeros por el centro de Westminster y nos encargábamos también de eventos como los cambios de guardia de la Reina. ¡Aquel trabajo me encantaba!

¿Cuándo comenzó a ejercer como oficial de detenciones?
En marzo de este año. Desde entonces estoy en los calabozos de la comisaría. La verdad es que es un trabajo muy interesante. Tengo mucho trato con los abogados y con los detenidos. Me encargo de tomarles las huellas dactilares y de coger algunas muestras por lo que, de algún modo, tiene más relación con lo que estudié.

No obstante, pronto cambiará de trabajo...
Sí. El pasado 31 de julio aprobé los exámenes para entrar en la Policía Metropolitana de Londres. A partir de entonces estoy en la fase de formación y espero estar trabajando como policía antes de los Juegos Olímpicos del año próximo.

Se marchó a Inglaterra con la idea de pasar una temporada y lleva allí 16 años ¿Cómo valora esta experiencia?
Desde pequeña me ha gustado mucho Londres y siempre me había planteado vivir allí durante una temporada. En este sentido, es como si mi sueño se hubiera hecho realidad. Londres es una ciudad muy grande y vivir aquí me ha permitido conocer a personas muy interesantes y me ha ofrecido muchas oportunidades. Una de las cosas que más me gusta de Londres es su gran diversidad cultural. Aquí siempre hay algo que hacer y, además, es una ciudad muy bonita, con mucha historia. Por el contrario, es una ciudad tan grande que en ocasiones te puedes sentir un poco solo.

No ha tenido a su familia cerca, ¿le ha resultado duro?
Sí. Ni mi marido ni yo hemos tenido a nuestras familias cerca y eso ha resultado duro para nosotros. Es cierto que parte de mi familia materna vive en Brighton y mi prima sigue viviendo en el norte de Londres pero aquí no es tan fácil verse a menudo. De todas maneras, he hecho amistades con muchas madres de otros niños del colegio y hemos intentado estar involucrados con la comunidad. Hay que decir que mi marido está mucho más lejos de su casa que yo pero él ha tenido la oportunidad de poner en marcha su propio negocio en Londres y se ha adaptado muy bien al ritmo de vida de esta ciudad. Aaron dice que no le gustaría volver a Nueva Zelanda de manera definitiva.

¿Y la posibilidad de instalarse en Menorca?
Menorca me encanta y desde que vivo en Londres aprecio mucho más la Isla. Cuando vengo de vacaciones lo encuentro todo maravilloso y, dentro de unos años, cuando me retire, me gustaría poder instalarme de nuevo en Menorca. Por otro lado, si algún día podemos permitírnoslo me encantaría poder comprar una casa en la Isla para venir de vacaciones. De momento, nos instalamos en casa de mis padres cada verano. Intentamos viajar a la Isla entre tres y seis semanas al año. La verdad es que mi marido está enamorado de Menorca y a nuestras hijas, aunque son muy británicas, les encanta la Isla. Incluso Sofía asiste a clases de castellano en la escuela.


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