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Una historia de intriga ambientada en el Raval de Barcelona marca el ritmo literario deLibrería Libertad. El periodista y escritor Javier Zuloaga (Bilbao, 1952) estrena novela: "Un retrato divertido y en ocasiones desgarrado de los héroes de ayer y los ingenuos de hoy". El bilbaíno ha desarrollado una intensa actividad en el ámbito de la información y la comunicación empresarial. Ha sido director de los diariosLa Voz de Castillade Burgos,Unidad de San Sebastián yEl Día de Baleares, además de delegado de la agencia Efe en Portugal, Argentina y Marruecos. Anteriormente ha publicado dos novelas más:El hombre que pudo ser libre(2005) yLa isla de los rebeldes(2008).

El Aleph Editores anuncia su tercera novela y la califica de "coral". ¿La trama gira en torno a vidas difíciles?
Yo no creo que los protagonistas lleven una vida difícil. Es más, creo que les une, pese a que cada uno de ellos tiene su propia mochila de problemas, la posibilidad de seguir su propio camino. Tal vez por ello acaban siguiendo el mismo hilo argumental una joven aristócrata que quiere redimir al mundo de la injusticia social; un cura con coraje para cerrar la puerta de su vida a sus espaldas; un perfecto gafe que poco tenía que perder y una suerte de mentiroso-trapichero que ya no se reconocía.

El ritmo literario lo marca la investigación de un asesinato. ¿Ha querido asemejarse a las historias de intriga de siempre?
El asesinato, un disparo, no es más que el detonante, pero Laia, Dídac, Jordi y Ryan podían haber caminado juntos con otra excusa. Algo se me habría ocurrido. En todo caso, he seguido el hilo de la intriga policial por el escenario. Se presta.

Escoge Barcelona como escenario, ¿por conocimiento de causa?
Vivo aquí desde hace más de 22 años y esta es mi tercera novela. A diferencia de las dos primeras, no he tenido que imaginar tanto. Algunos capítulos los he llevado al texto final después de dar un simple paseo. Barcelona invita a la novela y sus grandes escritores, Vázquez Montalbán, Joan Marsé, Eduardo Mendoza, te abren el apetito para escribir sobre su ciudad.

Enmarca el relato en dos tiempos: presente y pasado. ¿Cuál ha sido su proceso de documentación?
En el presente, la simple observación de las cosas y de los lugares. En el pasado, he contado con las facilidades que me han dado en el Archivo Nacional de Cataluña. He mirado miles de fotos para ver cómo era la Barcelona del comienzo de los años 40. He leído capítulos sobre la postguerra en libros de historia, he ido a las hemerotecas y he hablado con personas que vivieron la metamorfosis que se genera en una ciudad cuando es tomada al final de una guerra, especialmente si quienes lo hacen son tus paisanos. Así, es aún más cruel.

En su novela, cuenta, que también hay cabida para el humor, ¿cómo lo casa con un suceso trágico?
El humor se lleva o no se lleva dentro y cuando lo tienes bien arraigado, resulta la mejor medicina para superar un periodo trágico de tu vida. Cuentan que Muñoz Seca, poco antes de que le fusilaran, les dijo a quienes iban a disparar que había una cosa que jamás le podrían quitar: el miedo que sentía.

Como periodista (I), y ante noticias como la supuesta muerte hoy (por el pasado lunes) de Bin Laden. ¿Echa de menos la redacción?
No. Como periodista, como corresponsal y como director de diarios, he vivido momentos muy importantes. Ahora, si me tocara algo en el pastel de lo ocurrido con Bin Laden, me conformaría con una columna de análisis… poner en valor aquello del valor de la experiencia.

Como periodista (II): ¿qué final augura a los tiempos convulsos que viven los medios de comunicación?
La crisis afecta todos los sectores, incluidos el editorial-periodístico. Ha habido ajustes de costes, reducción de plantillas y un crecimiento en la precariedad salarial…. Pero repito, de esta tormenta no se está librando nadie.

De este proyecto, comenta, que es muy diferente a los anteriores, pero la crítica habla de un nexo común: la libertad. ¿Es su obsesión?
Yo no lo llamaría obsesión y hablaría más independencia personal que de libertad. Hay muchas personas que son libres pero no tienen independencia personal. Y en mi novela, es cierto, esa independencia se cuela por muchos resquicios.

Sin la escritura ¿Javier Zuloaga dejaría de ser un hombre libre?
No, no dejará de ser libre, pero sí menos feliz.