Les coses senzilles
Caridad
Recuerdo a cierto profesor que en los años sesenta del siglo pasado solía repetir este refrán: «La caridad bien entendida empieza por uno mismo». No sabía yo muy bien cómo interpretarlo, y el profesor tampoco llegó a explicarlo nunca. Era un hombre más bien bajito, pero delgado, con una nariz aguileña que recordaba de algún modo el soneto que Quevedo tituló «Érase un hombre a una nariz pegado», en una sátira contra Góngora. Entonces yo relacionaba el refrán con el egoísmo, con lo que decía a menudo la gente: «yo, siempre yo, y nada más que yo». Pensaba que antes que nada había que pensar en uno mismo y que con respecto a los demás, ya se vería. Pero al parecer no es simplemente esto. Nada en la vida es tan simple. Lo que el refrán pone de relieve es la importancia de cuidarnos y valorarnos para poder ayudar a los demás. Asegurarnos de que estamos en una posición fuerte antes de poder ayudar a los otros.
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