La primera vez que oí hablar de que alguien vivía en un aeropuerto fue con la película que protagonizó Tom Hanks hace veinte años. En mi ingenuidad, me pareció ciencia ficción. Ahora resulta que malvivir en una terminal, o en los pasillos de un hospital, se ha convertido en una «alternativa habitacional» casi normalizada. En Barajas lo hacen quinientas personas, entre las que hay parados, trabajadores y gente conflictiva. No hace falta irse tan lejos, también aquí, en Son Sant Joan y en Son Espases, tenemos este fenómeno producto de una sociedad enferma. Los buenistas de turno me dirán que pobrecitos, que no tienen más remedio, que son víctimas y demás canciones tristes. Y aunque haya parte de verdad en eso, lo cierto es que un aeropuerto, un hospital público, un edificio abandonado, una chabola o una caravana no pueden considerarse viviendas.
La terminal
23/02/25 4:00
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