Caminante. El menorquín en Grecia, en una de sus etapas hacia Tierra Santa. Empezó a cubrir tramos desde Roma en el año 2015. «Aún no he llegado y no sé cuándo llegaré», afirma. | J.R.S.

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La ficha

Lugar y año de nacimiento
— Sant Lluís, 13 de febrero de 1948

Ocupación
— Jubilado. Trabajaba en la carga y descarga de aviones en Aviaco y luego Iberia

Vive en...
— Maó. aunque le gusta lo rural, se define como «un hombre de campo».

Lo que le mueve a viajar es...
— Como católico creyente, su motivación es religiosa y viaja a los lugares santos.

Países que ha visitado
— Su primer peregrinaje fue por el Camino de Santiago, en etapas de Roncesvalles a Burgos y Burgos-Santiago. Luego siguió varias etapas de la Vía de la Plata, de Sevilla a Mérida y de ahí a Fátima. Desde Barcelona fue a Montserrat y a la basílica del Pilar; siguió con la Ruta Mariana de Torreciudad a Lourdes. Dio el salto a Roma desde Barcelona, caminó por la Vía Aurelia y la Vía Salaria.

Juan Reynés nunca pensó que sus viajes pudieran suscitar interés. Camina hacia lugares significativos de la cristiandad, es un peregrino y como tal asegura que ni cuenta los kilómetros que hace ni quiere protagonismo. Este diario le buscó y él abrió las puertas de su casa, de sus mapas y de las credenciales del peregrinaje por el Camino de Santiago, a los santuarios y monasterios (Fátima, Lourdes, Montserrat, Saint Maron), al corazón de la Iglesia Católica, el Vaticano.

Es creyente y lleva en su mochila una edición de bolsillo del Evangelio 2019 con el Papa Francisco y un rosario. Reconoce que reza más que antes de iniciar su aventura por caminos y antiguas vías romanas, y que eso elimina cualquier sensación de soledad en las horas de peregrinaje. «¿Nunca le ha pasado sentirse sola rodeada de gente? Pues a mí me ocurre lo contrario. No estoy nunca solo porque somos muchos», comenta este santllüiser que el pasado febrero cumplió 71 años.

Y realmente es así. De naturaleza afable y acogedora, habla con las gentes con las que se va encontrando en sus viajes, presenta sus credenciales de peregrino, les denomina «su familia» y pueden estar tanto en Galicia o Francia como en Turquía o Líbano, el último país que ha visitado. Aunque él en Menorca dedica también tiempo a su huerto, sus tres hijos y siete nietos. «Todo el mundo en todos los lugares que he visitado me ha ayudado», explica, y admite que «nunca pensé que me llenaría tanto» caminar por el mundo y eso que empezó tarde, rondando los 60 años.

Su motor, la religión
¿Pero cómo empezó todo? Un encuentro fortuito y una conversación con una señora alemana mientras paseaba por Rafalet despertó su curiosidad. Si aquella mujer había recorrido sola el Camino de Santiago o la Vía de la Plata (el itinerario con origen en antiguas calzadas romanas que unían de sur a norte Hispania, pasando por Emerita Augusta –Mérida– y llegando a Asturica Augusta –Astorga–. Se considera la ruta más importante a Santiago desde el sur, con Sevilla como ciudad de inicio), él también podría caminar en soledad. Y dicho y hecho. Primero visitó Santiago de Compostela y luego el Santuario de Fátima, en el centro de Portugal. «No me llama viajar por gusto o por hacer deporte, sino los lugares de religión».

Se deja crecer la barba, «esto es una protección», bromea, y muestra además el protector solar para la nariz, «también me he cortado unos guantes de piel, caminas muchas horas, hace calor y también pasas frío», explica. Juan deja a un lado las ciudades «todo lo que puedo porque te pierdes» y se deja ayudar, con las indicaciones que le ofrecen los lugareños. Aunque también ha tenido momentos en los que ha tenido que dormir al raso, «en Francia pasé por primera vez una noche fuera, en un banco, pensé que Dios me había abandonado, pero no, fue un aprendizaje».

Una vez completó sus caminatas por España, Portugal y Francia su mente se fijó en Roma, «a ver si lo aguanto», pensó. Su testimonio de peregrinaje al Vaticano está datado el 21 de junio del año 2014.

Entre los que se encuentra por los caminos hay de todo y de todas las nacionalidades. No todas esas personas siguen las rutas de peregrinaje por motivos religiosos. A veces intentan encontrarse consigo mismos, o liberar el estrés. «Una chica francesa de poco más de 20 años me comentó que había dejado el trabajo porque se sentía agobiada, y otro chico de treinta y tantos también. Me he dado cuenta de que hay gente joven que deja sus trabajos y se van a hacer caminos, me parecía imposible pero es así, quizás tienen demasiada presión», reflexiona.

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Entró en Roma tres meses después de haber iniciado el viaje en Barcelona, de abril a junio. Realizó distintas etapas, por caminos y carreteras «lo que encuentras», y no siempre es fácil orientarse: «mientras cruzaba Francia un día notaba que hacía más fresco y un señor me dijo que debía cambiar la ruta, porque iba hacia las montañas en lugar de ir hacia la costa». Pasó Cannes, en la Costa Azul, Montecarlo, en Mónaco, entró en Italia, siguió camino por Génova, visitó Pisa y recorrió la Vía Aurelia, «no hay pérdida con las calzadas romanas». Después salió de Roma hacia Venecia por la Vía Salaria, que conduce hacia el Mar Adriático.

El viaje a Tierra Santa
En 2015 inicia su viaje a Tierra Santa, con el sueño de llegar por los caminos, como peregrino, hasta Jerusalén. Lleva cuatro años en ese recorrido, «todavía no he llegado y no sé cuándo llegaré». Ha realizado las etapas de Roma a Croacia, Medjugorje (Bosnia-Herzegovina), de ahí a Dubrovnik, pasa a los países de Montenegro, Albania, Macedonia y después por Grecia hasta llegar al Bósforo.

«Atravesé en Canakkale» y siguió caminando hacia el sur, hacia Esmirna, Mugla, después Antakya y se aproximó hasta la frontera entre Turquía y Siria. El último tramo lo ha realizado recientemente, salió el 1 de abril. Voló de Barcelona a Estambul y luego a Adana, ciudad turca cerca ya de Siria, «y al día siguiente, la mochila y andando».

En octubre del año pasado ya había realizado la etapa hasta Adana peregrinando, así que en 2019 tocaba retomar la ruta hacia la frontera turco-siria. Pero el 13 de abril, al llegar a la provincia fronteriza de Hatay «empiezas a encontrar cada vez más militares y controles, y la gente te dice que mejor no caminar hacia Siria». Así que se informó sobre cómo viajar a Beirut (Líbano) y lo hizo desde Adana, a donde viajó en autobús. Desde Beirut caminó hacia el norte, hacia Trípoli, y regresó a la capital de Líbano.

«Había mucho turismo, no encontraba habitación de hotel y ya estaba cansado, demasiada gente, así que decidí regresar y tomar un avión de Alitalia para Roma, hacia España no había en un par de días y pensé, hay que salir». Desde Roma regresó a Menorca.

Su plan es retomar la ruta hacia Jerusalén en septiembre. «Hubiera querido atravesar Siria y Líbano pero veo que tendré que salir hacia Tel Aviv, y de ahí me gustaría llegar a la frontera con Líbano y luego caminar hacia Jerusalén».

A este menorquín le parece que llegar a Tierra Santa será algo especial. «Llegar a Santiago es especial, es lo primero que hice, pero la entrada en Jerusalén tiene que ser más, igual que Roma, aunque cuando llegas al Vaticano te encuentras una cola de un kilómetro», debido a la gran afluencia turística.

Juan ya ha visitado Israel y Jerusalén, conoció la ciudad estando de vacaciones; también lo hizo así con Bosnia, «para conocer el terreno» y luego regresar caminando. «Pero no es igual llegar de vacaciones que con la mochila como peregrino», afirma.
Aunque su objetivo es Jerusalén y no sabe cuándo coronará esa cima, este menorquín en el camino sabe que su aventura no acabará ahí, habrá más lugares.