El músculo de tinta y papel. Si el cerebro es la redacción, la rotativa es el músculo, la máquina que identifica la prensa y que se pone en marcha cada noche para convertir el papel y la tinta en noticia | Gemma Andreu

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Un periódico es un producto perecedero con alma, desaparece el papel y permanece la noticia, que no caduca nunca. Los 75 años del diario MENORCA dejan atrás toneladas de papel y mantienen vivos los acontecimientos que han sucedido en la Isla a lo largo de este periodo, en el que el testigo de ellos, el notario, «Es Diari», cuenta también con su pequeña historia.

Era 1941, hacía dos años que había acabado la guerra civil y había comenzado la II guerra mundial. La Isla, que hasta los años del conflicto contaba con tres cabeceras —«El Bien Público», «La Voz de Menorca» y «El Iris»— se había quedado sin periódicos. Fernando Jansà Guardiola, nacido en Reus e hijo de un catedrático de física que fue destinado a Maó en 1913, fue el fundador. Contó con el apoyo de la Falange y los alcaldes de Maó y Ciutadella, José Codina Villalonga y Juan Gelabert, que eran las personalidades de peso del momento. En aquel contexto, el diario apareció el 1 de febrero como «Menorca» y subtitulado «Órgano de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N-S». El director era el propio Jansà, contaba con dos redactores. El primer número se tiró en la Tipografía Mahonesa, constó de 1.260 ejemplares, era de cuatro páginas y con la venta del mismo —suscripciones, al margen— se recaudaron 93,3 pesetas. La tirada en los primeros años osciló entre 1.200 y 1.900 ejemplares y la vida de la empresa, entre serias dificultades por las restricciones de papel, la escasa circulación, las pocas inserciones publicitarias y el elevado coste de la impresión, lo que llevó a Jansà a plantearse la dotación de un taller propio.

El siguiente paso es, por tanto, la compra de una vieja Marinoni, que instala en la calle Verge de Gràcia en julio de 1944. Los contenidos habían mejorado, contaba con más colaboradores y, a pesar de las precariedades inherentes a la época, se había lanzado algún ejemplar de 12 y hasta de 16 páginas.

El espíritu emprendedor se estrelló contra una realidad en la que los costes superaban los ingresos. Se habían superado los «tiempos heróicos», había aumentado la difusión y venta y la trayectoria era ascendente, pero no fue suficiente, por lo que el fundador se vio obligado a ceder la propiedad al sacerdote Jaime Cots y a José Maria Taltavull, quien también acabó cediendo su parte al primero.

En 1955 se caen de la cabecera el yugo y las flechas, acaba la relación con la Falange y aparece el escudo de Menorca y el subtítulo «diario insular». Ese año se nombra director a Andrés Casasnovas Marquès y comienza la etapa de consolidación, a pesar de que los problemas económicos continúan acuciando la viabilidad de la empresa, que dos años más tarde se constituirá como Editorial Menorca SL con una aportación de 5.000 pesetas bajo el criterio de Francisco Hernández Escrivà, prestigioso hombre de negocios al que acude Cots. A ambos les acompañan como accionistas Guillermo de Olives Pons y Mateo Seguí Mercadal. Se salvó así un momento crítico, la última solución para salvar la empresa; Pons Capó, trabajador de aquella época lo califica de milagro. El milagro provino en parte de la reducción de costes de mano de obra por la incorporación de una linotipia de segunda mano procedente de «El Correo catalán», el mismo rotativo al que se había ofrecido años antes hacerse cargo del «Menorca» a causa de las dificultades de viabilidad.

Ese año se nombra director a Roberto Coll Vinent, ya que por entonces las autoridades exigían carné profesional de periodista. Coll Vinent ejercía profesionalmente en Barcelona, de manera que el diario fue dirigido por el redactor Pons Capó. La ley de prensa de Manuel Fraga en 1966 rompió con aquella norma además de suprimir la censura previa y dar ventajosas condiciones crediticias de inversión -50 por ciento a fondo perdido y el resto sin intereses- para la renovación tecnológica. Jordi Negre Rigol fue nombrado director, cargo que abandonó a los dos meses por un accidente de circulación. El siguiente, José Antonio Martín Aguado, apenas duró un año.

En 1967 se hace cargo de la dirección Mateo Seguí, que prolongará su etapa hasta 1976. En ese periodo se cambia el sistema de impresión al offset y se incorpora una rotativa de dos cuerpos y una plegadora en un nuevo inmueble, el número 57 de la misma calle, propiedad de Jaime Cots. Supuso un cambio cualitativo importante para la empresa de un diario que había nacido «sin más elementos que unas cajas de tipos y una máquina plana con casi cien años a cuestas», según la carta dirigida por el director al ministro de Información y Turismo León Herrera Esteban con motivo de su visita a las instalaciones el 25 de julio de 1975.

En los años de la transición asumió la dirección Juan Cantavella, del 76 al 78, y Juan José Morales durante los dos años siguientes. Cots cedió sus acciones, el 70 por ciento de la empresa, a la mitra diocesana.

En el 78 se nombró presidenta del Consejo de Administración a Catalina Serra Tur, primera mujer que ha ostentado el cargo, quien nombró director gerente en 1981 a Macelo Carreras. Tres años después es nombrado presidente el empresario Marcos Carreras y asume el cargo de director Bosco Marqués, quien ha sido el más longevo, 25 años. Ha sido también el periodo de mayor crecimiento y profesionalización del medio en diseño, tecnología, contenidos y nuevos productos como el anuario, las revistas de fiestas de Ciutadella, Maó y Alaior y Bienvenidos, de carácter turístico. Asimismo se recuperaron los premios Editorial Menorca y la convocatoria de Protagonistas de la Vida Menorquina.

José Guillermo Díaz Montañés al frente de la empresa, Mariano Yepes como director general y Josep Bagur en la dirección afrontaron la dura crisis económica que ha sacudido a la prensa en los últimos años y que ha acabado con varias cabeceras provinciales. Un acuerdo de integración con Última Hora Menorca ha dado continuidad a esta trayectoria de 75 años. En septiembre de 2013 se plasmó ese acuerdo con la entrada del Grupo Serra en el accionariado como socio mayoritario.

Carme Serra es desde entonces la presidenta del Consejo y Josep Pons Fraga, el editor.