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Leer el Eclesiastés puede ser una cura para la vanidad y la soberbia. A los habitantes de la parte rica del planeta les gustan las novedades que aporta la tecnología y las comodidades materiales que proporcionan optimismo y placer en sus múltiples formas. Pero no hay nada nuevo bajo el sol y cada cosa tiene su tiempo. Si perdemos la humildad y la cordura, nos llevaremos un cruel desengaño. Al árbol sin raíces lo tumba el viento. Está de moda despreciar o cortar las raíces según lo políticamente correcto. Seamos conscientes de que las raíces no son buenas ni malas, simplemente nos sostienen. Debemos cambiar el presente y el futuro, no el pasado. Eso solo es propaganda o revancha. Pérdida de tiempo, por definición limitado, contado y valioso. Acostumbrados a pasar sucesivas crisis: económicas, sanitarias, políticas… Puede que aparezcan crisis personales o de conciencia. Replanteemos nuestra escala de valores y los objetivos por los que vale la pena luchar. 

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Iniciando una temporada turística que se preveía de recuperación, entramos en otra espiral de incertidumbre, tensión y distorsiones provocadas por la guerra. En capacidades destructivas hemos avanzado mucho. En las diplomáticas vamos por detrás de los acontecimientos. Necesitamos una diplomacia capaz de prevenir los conflictos con tiempo suficiente para evitarlos o resolverlos. El mundo cambia. Crecen los malentendidos, choques de intereses, ofensas, agravios…